Dice Mario Vargas Llosa sobre la carta de AMLO al rey Felipe VI que “debió mandársela a él mismo”, lo cual es una imagen literaria poco afortunada. ¡Tan fácil que hubiera sido para don Mario recurrir a cualquier expresión popular si las musas de la inspiración no le llegaban a tiempo!

Por ejemplo, para no meterse en enredos, don Mario pudo decirle a López Obrador: “botellita, botellita de Jerez, todo lo que digas será al revés”. Y listo: claro, conciso y preciso.  

Pero acto seguido, sin que quedara ahí la cosa, don Mario improvisa un galimatías que no se le hubiese ocurrido ni al peor youtubero (y el peor es Chumel Torres aunque sea el más famoso).

Dice Vargas Llosa que en México viven “millones de indios hacinados”. ¿Indios? No, no son indios: son indígenas. Así como en su país de origen, Perú (después se nacionalizó español), no existen indios incas: son indígenas incas.

¿Hacinados? Es decir, ¿amontonados? No, no precisamente: muchos viven en condiciones de extrema pobreza, pero “estar amontonados” no es su principal problema.

Dice Vargas Llosa que los conquistadores españoles “llevaron a México la libertad y la democracia”. Otra vez no; Vargas Llosa expresa un anacronismo: la democracia no existía en el Imperio de Carlos V, ni ciertamente sus vasallos eran libres. La democracia como concepto vino después, durante el siglo XVIII y XIX.

Vargas Llosa es el mejor novelista vivo de América Latina (yo he leído todas sus novelas, una tras otra, incluyendo las tres o cuatro que son obras maestras y las cuatro o cinco que son bodrios infumables), pero cuando habla “por encargo” siempre olvida su bagaje cultural y profiere sofismas, imprecisiones históricas y barbaridades. No ha sido ésta la primera vez.

Ahora, si se trata de ponerse de su lado simplemente porque criticó a AMLO y ”AMLO nos cae muy mal”, pues entonces no hay nada qué hacer.

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