Desde este domingo se ha estado difundiendo en diferentes medios la renuncia de Alejandro Rojas Díaz-Durán a su cargo de Coordinador de Asesores de Morena en el Senado de la República. Esta decisión la toma luego de un enfrentamiento sistemático entre el funcionario y la líder nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky. Diferencias que se agudizaron en fecha reciente, alrededor de la selección de candidato de Morena a la gubernatura de Puebla, donde Rojas fue tajante al decir que Polevnsky estaba imponiendo candidatos “es una mentada la imposición de Barbosa, además, quiere sacar de la contienda a Jaime Martínez Veloz en Baja California, a la vez que está negociando candidaturas en otros estados”. Al ponerse más crítica la situación, el también senador suplente tomó la decisión de dejar la coordinación de asesores y exponer sus razones y su intención de buscar el liderazgo de Morena en un manifiesto público que reproducimos íntegro a continuación:

Manifiesto a la opinión pública y a los miembros y simpatizantes de Morena:

ALEJANDRO ROJAS DÍAZ-DURÁN

La Nomenclatura de Morena me quiere expulsar en un juicio sumario, violando el debido proceso.

Quiere aplastar mi libertad de expresión y acallar mi crítica respecto a sus imposiciones y, sobre todo, censurar mis señalamientos fundados por mi reiterada denuncia respecto a cómo están deformando el espíritu fundacional de Morena y poniendo en riesgo el futuro libertario y democrático de México.

De manera sistemática vienen pisoteando los Documentos básicos y violando los Estatutos, para imponer muchísimos candidatos y dirigentes, que son la antípoda de lo que éticamente estamos obligados a representar.

Su estrategia y táctica está basada en la exclusión de líderes reales y en impedir la libre participación de ciudadanos de buena fe que se quieren sumar a Morena, pero que, en vez de impulsarlos, a cambio reciben un portazo, dedazos y encuestas patito, acomodando sus fichas a conveniencia y/o por intereses inconfesables.

La militancia de Morena en el poco tiempo que tenemos en la vida pública, ya puede llenar una biblioteca con los cientos de agravios de los que han sido objeto en casi todos los rincones del país. No han dejado títere con cabeza.

Por eso me quieren hacer un desafuero en lo oscurito, para acallar –de una vez por todas– la libertad de expresión, aplastar la conciencia crítica y, de paso, suprimir la pluralidad, el debate democrático y la tolerancia política. Me quieren seguir un juicio de oficio dirigido por su Santo Oficio.

Por ello, les solicito, muy respetuosamente, que entonces mi juicio sea público y ante los medios de comunicación. Es mi derecho constitucional y partidista. Ese es un punto.

El otro punto y es el más delicado: el riesgo.

Lo más grave del asunto, es que en el fondo quieren mantener el control y la dirección de un enorme movimiento popular, en el que coincidimos, hoy todavía, representantes del más rico mosaico de la pluralidad política e ideológica de México.

Es una Morena de mil y un colores y de mil y una voces. Es un coro sinfónico nacional que reclama un nuevo paradigma político, económico, social y cultural.

Recuerdo haber leído alguna vez la siguiente frase del político francés Michel Rocard: “Estamos felizmente conviviendo juntos, todos los diferentes, en un espacio común”.

Pero a esta Nomenclatura les estorba y les molesta ese coro multifonético.

Ellos sólo quieren escuchar el bolero de Ravel. Es decir, solo quieren escuchar una sola tonada y un solo pensamiento único, repetitivo y monocorde. Por eso no les gusta Pink Floyd.

No entienden que Morena nació para ser la nueva esperanza de un México nuevo y para edificar las sólidas bases de un Estado Social y de Derecho, para disminuir la profunda desigualdad social y extirpe de raíz la corrupción de los gobiernos pasados y se pacifique a todas las regiones que están sumidas en el terror y en la violencia, pero, sobre todo, que seamos el puente para la reconciliación entre todos los mexicanos.

Pero esto no lo entiende nuestra Secretaria General en funciones de Presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, ni su camarilla que me quiere juzgar en la oscuridad de sus catacumbas llenas del fanatismo ideológico más rancio y con olor a naftalina.

Quiero centrar el debate en lo verdaderamente importante; en lo que subyace detrás de esta respuesta inquisitorial de los que se han erigido en los modernos Torquemadas de esa nomenclatura facciosa que me quiere llevar a la pira de los herejes disidentes.

El fondo: es el debate entre dos visiones distintas de México y de Morena.

Me explico:

Raúl Salinas de Gortari es el verdadero padrino de Yeidckol Polevnsky y su primer maestro político (aquí les dejo la foto juntitos los dos en una comida reciente en el cumpleaños de Diego Fernández de Cevallos. Monsiváis ya hubiera puesto a bailar a su R.), en las épocas en que el neoliberalismo feroz consolidó su presencia devastadora y perniciosa en México.

Ese mismo grupo la llevó a obtener varios cargos en CANACINTRA, hasta hacerla su presidenta, en donde siempre ayudó, con su silencio cómplice y su mutismo institucional, al desmantelamiento de la industria nacional y de la venta de garaje de las empresas públicas, que pasaron a manos de unos cuantos acaudalados que hoy concentran el 90% de la riqueza nacional.

No puede negar la cruz de su parroquia. Los conversos siempre son los más radicales.

Ella inició en la política del brazo del salinismo neoliberal, depauperador, fraudulento y represivo.

Por mi parte, debo decir que mi maestro fue y hoy sigue siendo mi amigo, uno de los políticos más brillantes que ha dado México: Porfirio Muñoz Ledo, con quien he librado varias luchas a su lado y convivido en muchas formas.

Para mí, el Diputado Porfirio Muñoz Ledo es como el Da Vinci de la política mexicana.

Por cierto, yo nunca reconocí como Presidente de México a Carlos Salinas de Gortari, desde mi posición como dirigente juvenil de la Corriente Democrática del PRI, ni durante todo su sexenio, por haberle fraguado el fraude electoral al Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.

Pero volvamos a Raúl Salinas de Gortari, quien además de ser el hermano incómodo, tiene su origen ideológico en el maoísmo más radical y violento (jóvenes y mexicanos en general, por favor entren a Google a informarse más sobre el tema, antes de que la Nomenclatura estalinista nos quiera bajar el internet) y fue el promotor del grupo de choque priísta Antorcha Campesina, y que se convirtió, gracias al neoliberalismo salinista, en un hombre con suerte, pero con más millones de dólares que Obama.

Y el otro gurú de la señora Yeidckol es nada más y nada menos que el Inquisidor Mayor y que hoy me quiere juzgar (como dato cultural, ni mexicano es y vino a buscar asilo y refugio en nuestro país, por ser perseguido por sus ideas marxistas leninistas en República Dominicana, ideología que yo respeto, incluso considero a Karl Marx como uno de los filósofos más importantes que ha dado la humanidad, pero no comparto su tesis sobre la abolición del Estado, como tampoco la dialéctica en desuso de la lucha de clases; sin embargo, admiro que haya puesto en el centro de la política como sujeto histórico al hombre y no al Estado, tesis que luego Freud despliega con genialidad en su teoría respecto a la conciencia y al inconsciente), y fervoroso fanático de las ideas más rancias y caducas de la izquierda autoritaria.

En fin, les decía que emulando a Fouche, este pintoresco personaje de nombre Héctor Díaz Polanco, un hombre lúcido consistente académico, es el que le ha lavado literalmente el cerebro a Yeidckol Polevnsky y a una minoría que controla el aparato burocrático de Morena.

Es un académico que se quedó congelado en el siglo XIX y en la Guerra Fría, y junto con nuestra Secretaria General en funciones de Presidenta quieren, desean e impulsan y así lo proclaman a los cuatro vientos (hay videos al respecto) que la revolución bolivariana de Maduro se expanda en México y América Latina.

Sobra decir que el madurismo no tiene nada que ver con el héroe libertario que fue Don Simón Bolívar. No.

El madurismo que profesa esta camarilla está incubado en una mezcolanza de fanatismo marxista, azucarada con loas de caña tropical al culto de la personalidad hasta el hartazgo del verticalismo “democrático” y aderezadas con el estalinismo más dogmático, que confunde y purga hasta el exterminio, con el debate de las ideas.

Para ellos el Gulag es un paraíso y mi tocayo Solzhenitsyn era un loco de atar.

Ellos son el huevo de la serpiente.

Como decía Bora: yo respeto, pero no estoy de acuerdo con ellos.

Siempre he admirado el pensamiento y la lucha del Presidente Salvador Allende, del mismo modo en que siempre he rechazado el intervencionismo militar norteamericano en los países en los que imponen títeres también totalitarios o sus intereses económicos, vía personajes como Guaidó.

En síntesis, no estoy de acuerdo con ningún tipo de populismo de izquierda, mucho menos de derecha. Me parecen ambos abyectos y rapaces, porque su principio de poder es la violación a las libertades y a los derechos humanos.

Me defino como un hombre progresista de centro democrático.

Pero esta Nomenclatura dirige hoy Morena representa el maoísmo radical y violento, junto con el madurismo intolerante.

¿En verdad queremos ese futuro para Morena y para México? Yo no. Y estoy seguro, de que el 99% de los mexicanos tampoco.

Yo no coincido con ningún gobierno que tenga un régimen autoritario, que conculque las libertades públicas y los derechos políticos y, mucho menos, que sea censor, represor y totalitario.

No sólo coinciden con esos regímenes –allá ellos y su conciencia política, porque también tienen el derecho de apoyarlos—, los promueven con inmensa alegría.

La inmensa mayoría que votamos por Andrés Manuel López Obrador para que sea el Presidente de absolutamente todos los mexicanos y los millones de compatriotas que se han sumado al Proyecto de Nación después de la elección presidencial, incluida esa minoría maoísta-stalinista, NO queremos que México sea como hoy son Venezuela, Cuba o Corea del Norte.

Tampoco aspiro ni quiero ser como Estados Unidos ni como nadie. Quiero que México sea México para los mexicanos.

Estoy seguro que la inmensa mayoría de los que estamos en Morena no queremos imitar ningún régimen político del mundo.

No necesitamos importar ningún régimen, si acaso compartimos, y qué bueno que así sea, los principios que nos humanizan y nos fortalece en valores cívicos, democráticos y morales. Los que nos hace mejores seres humanos y ciudadanos del mundo, no los que nos hacen peores.

Los mexicanos queremos construir un nuevo régimen que surja de las profundas raíces de nuestra historia y de nuestras propias ideas.

Por eso millones de mexicanos apoyamos el Proyecto de Nación de Andrés Manuel López Obrador, en el cual se pronuncia a favor de un régimen político democrático, incluyente, tolerante, dialogante; garante de las libertades y los derechos humanos y políticos de toda la sociedad -incluidos los maoístas y maduristas como ellos-.

También refleja con claridad ese Proyecto de Nación, la riqueza de la pluralidad política y de la diversidad en el más amplio sentido del término, y las acoge en su seno para hacerlas suyas como las nuevas causas del siglo XXI.

En Morena la mayoría queremos libertad y democracia. Queremos debate y conciencia crítica que, como decía Sartre: cuando un ciudadano abre los ojos a la realidad, no los vuelve a cerrar nunca.

Y con esa conciencia ciudadana de respaldo, impulsemos hacia el futuro los grandes cambios que requiere la Nación.

De eso se trata la 4ta Transformación.

Por eso, no me están juzgando a mí. Nos están juzgando a todos los que coincidimos en esa otra visión de Nación y de Morena.

Esa camarilla facciosa –más dura y madurista– es la que me quiere censurar. Quiere apagar la luz de la libertad para llevarnos a las oscuridades del terror totalitario.

No lo podemos permitir.

Estamos en alerta amarilla ideológica, porque hoy vienen por mí, pero el riesgo es, citando a Martin Niemoeller (pastor luterano alemán): “Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío.

Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.” Y que, por cierto, esta frase es mal atribuida a Bertolt Brecht.

No esperemos a que vengan también por ustedes y este gran movimiento que es Morena, que yo lo defino como un brioso torrente de miles de ríos, que caudalosos fluyen por toda la Patria nuestra, hacia el vasto océano de la democracia, de la prosperidad, de la libertad y de la infinita renovación social, económica, política, moral y cultural de México; que se llevará de tajo la corrupción rampante; que sacará de la ofensiva pobreza a millones de mexicanos; que pacificará con inteligencia y con estrategia a todos los rincones del país; que hará justicia contra los criminales y delincuentes que nos tienen como rehenes de su violencia inhumana; que con vigor impulsará un mejor Estado y un mayor mercado, para un crecimiento progresivo y sostenible; que abrirá los enormes canales en donde navegarán nuestros niños y jóvenes para que tengan un mejor futuro que nosotros; para que nuestras mujeres sean reconocidas, respetadas y valoradas y en donde nuestros mayores disfruten con dignidad sus primaveras en sus inviernos.

Esto y mucho más es lo que queremos y merecemos los mexicanos.

Y no lo que esta minoría excluyente, rabiosamente autoritaria; furibundamente insultante y, definitivamente, con una visión represora, quieren imponernos muy pronto.

Porque a ese poderoso torrente de miles de ríos de la sociedad mexicana, ellos lo quieren desviar a una presa para detenernos, para estancarnos en una fosa autoritaria y como el agua estancada, finalmente se pudra y ahogue la voz de todas las libertades.

Ante este negruzco presagio, lo más cómodo sería mantenerme disciplinado en el confort de mi cargo de Coordinador de Asesores de Morena en el Senado de la República y de mi amigo el Senador Ricardo Monreal, de quien soy orgullosamente su Senador suplente, y esperar mejores tiempos personales.

Les agradezco muchísimo la solidaridad que me han mostrado casi todos los Senadores de la República que me han pedido que no me vaya. Que no renuncie. Incluso, mi jefe y amigo, el Senador Ricardo Monreal me pidió que siguiera apoyando a Morena aquí en el Senado. Se lo agradezco, pero no.

Estoy muy agradecido con todos, pero en especial con mi amigo Ricardo, con quien me une la lucha por la democracia y siempre contra viento y marea.

Siempre hemos luchado contra la adversidad cuesta arriba. Hemos sumado siempre a favor del Proyecto de Nación. Nada se nos ha dado gratis. Todo lo que somos, nos lo hemos ganado a pulso.

Por eso, hoy él es uno de los políticos que va que vuela para ser un Estadista. Estoy muy orgulloso de él. Es un honor y un privilegio de vida ser miembro de su equipo.

Muchas gracias a todos por su apoyo. A mis compañeras y compañeros les dejo mi reconocimiento y mis mejores deseos en el trabajo por venir.

Desde el Senado de la República se está esculpiendo, como diría Mariano Otero, con el cincel del acuerdo en lo fundamental, el nuevo rostro de la Nación.

Esta casa de la democracia, de la pluralidad partidista y del debate parlamentario, está en las mejores manos de la inteligencia y sapiencia políticas.

Pero no puedo ni debo esperar. No es por mí. Lo hago por mi esposa y por mis hijos.

Lo hago no por el cargo, sino con el cargo de conciencia que me obliga a seguir siendo congruente con mi propia historia política y, sobre todo, por impedir que sigan avanzando en el país los duros y los maduros, que pueden hacer que se quede verde la 4ta Transformación.

Por eso he decidido renunciar a la comodidad de mi puesto en el Senado de la República, para ir en defensa de mis convicciones, mis principios y mis ideales, que creo comparten la inmensa mayoría de los que formamos Morena; pero más aún, desean millones de mexicanos que lograron la hazaña épica de impulsar un tsunami popular a favor de un nuevo régimen como el que he descrito líneas atrás.

A estos intolerantes enroscados en su Nomenclatura, les pido que al menos lean a Nelson Mandela, quien fue privado de su libertad durante 27 años por una minoría blanca que impuso el apartheid a la mayoría de raza de color y en su propia tierra.

Él nunca se rindió y nunca pidió clemencia ni perdón. Sólo exigió justicia, democracia y libertad para su pueblo.

Finalmente, con su sola voluntad inquebrantable, dobló a todo un imperio colonial en Sudáfrica. Y no salió de la cárcel para reclamar venganza ni para envenenar de odio a todo un pueblo.

Salió libre para conciliar y unificar a una Nación.

Ese es para mí el mayor ejemplo de lo que es un Estadista. Mandela nunca morirá, como tampoco morirá Morelos, porque dejó plasmada su alma en los Sentimientos de la Nación que sigue vigente en su exigencia de moderar la opulencia con la indigencia.

Finalmente, como diría Brad Henry: lo peor que podemos hacer es no hacer nada.

Luego entonces, enfrentaré a esa camarilla con las dos únicas armas que tengo: mi pluma y mi palabra.

Voy a recorrer el país, desde abajo y con la gente, para organizarnos rumbo al Congreso Nacional de Morena, porque ahí se librará la batalla definitiva del camino que deberá tomar ese tsunami popular en los destinos de la República.

No hay tiempo que perder. Me voy en paz a luchar con todo.

Alejandro Rojas Díaz Durán,

Consejero Estatal de Morena en la Ciudad de México y Senador suplente de Ricardo Monreal Ávila.

@AlejandRojasMx

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