Por José Jaime Ruiz

Decimonónicos, al presidente Andrés Manuel López Obrador y a la ciudadana Beatriz Gutiérrez Müller les gusta citar el “Manual de Carreño”. Un manual a todas luces, fifí, que representa a la verdadera ideología conservadora, es decir, la hipocresía: Manual de urbanidad y buenas maneras, cuyo autor fue el venezolano Manuel Antonio Carreño, “arreglado por él mismo para el uso de las escuelas de ambos sexos”.

Leamos en Wikipedia:

1.- “El Manual de urbanidad y buenas maneras, conocido popularmente como Manual de Carreño, fue escrito por Manuel Antonio Carreño en España, en 1853. Esta obra contiene lecciones y consejos sobre cómo deben comportarse las personas en lugares públicos y privados, tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo.”

2.- “Desde su primera publicación y hasta la fecha, ha sido reimpreso y adaptado en numerosas ocasiones. De él provienen expresiones como: ‘hay que consultar el Carreño’, para atender cuestiones de comportamiento personal y profesional. Este manual fue tan importante y conocido que se ha mencionado en algunas novelas. Por ejemplo, en la novela Como agua para chocolate, de Laura Esquivel.”

3.- “En el siglo XIX, la mayoría de estos manuales estaban inspirados en ediciones francesas e inglesas. Sus lecciones se pudieron aplicar en la mayoría de los países, debido a que trataban lugares y situaciones considerados comunes. Por ejemplo: en la casa, la calle, un baile, con la familia.”

4.- “En México, los utilizaban principalmente personas de clase media y alta. Cada manual está dirigido a distintos públicos según el sexo, la edad (niños o adultos) o para un público en general. Estos manuales se utilizaban tanto en el hogar como en algunas escuelas. Y la mayoría estaban basados en la moral cristiana. Hacían énfasis sobre el control del cuerpo y fomentaron hábitos como la ayuda al necesitado y valores como la humildad.”

5.- “Tuvieron su auge a principios del siglo XX. Hoy en día, se conservan muchos de estos manuales que fueron pasados de generación en generación o que fueron heredados por las abuelas. En el caso del Manual de Carreño, se sigue publicando, y aunque ya no es tan usual consultarlo, algunas de sus normas siguen vigentes. Ejemplo: respetar a los padres, asearse antes de salir de casa, caminar sobre la acera y saludar… Al inicio de cada capítulo y subcapítulo, se justifica la existencia de esa regla y se concluye con la presentación de las normas. Algunas ediciones del manual contienen imágenes que ilustran la norma o sugieren algún movimiento corporal adecuado para la situación. Por ejemplo, la postura para rezar.”

Ya chole…

Encuentro en Letras Libres un artículo de Jorge Comensal (sí, comensal):

1.- “¿Por qué suena tan anticuada esa palabra, ‘urbanidad’? Acaso sea culpa de Manuel Antonio Carreño, cuyo Manual de urbanidad y buenas maneras, para uso de la juventud de ambos sexos (Caracas, 1853) se convirtió en un éxito de ventas inmediato y duradero en el mundo hispanohablante. El problema con la urbanidad del Manual de Carreño es que, aparte de dictar normas razonables, que apelan a valores vigentes (higiene, honradez, respeto), incluye muchas reglas caducas (fundadas en una jerarquía clasista y sexista) o llanamente absurdas.”

2.- “Si uno sigue leyendo la sección De la mesa, al llegar al inciso 51 se topará con una prohibición infame: ‘Es una imperdonable grosería el separar del pan parte de su miga, para traerla entre las manos y jugar con ella. Respecto de llegar en esto hasta formar pelotillas y arrojarlas a las personas o hacia cualquiera otro objeto, este es un acto tal, que no se concibe pueda verse jamás ni entre personas de la más descuidada educación’. Desde niño acostumbro moldear cubitos de migajón durante la sobremesa. Es lo más cerca que he estado de ser escultor. Además de ser una forma inocua de entretener las manos mientras se platica, deja un aroma agradable en los dedos. Pero Carreño, como una especie de AntiFreud empeñado en agravar la represión de los deseos subconscientes, lo prohíbe y con ello previene que la forma compacta y redonda de la ‘pelotilla’ nos obligue a usarla como proyectil.”

3.- “El Manual de Carreño tiene casi cuatrocientas páginas. Es una mina inagotable de etología burguesa y comicidad involuntaria. Aunque el concepto de urbanidad haya pasado de moda, los manuales de buen comportamiento siguen siendo muy solicitados. Ya existe en la red un Manual de Carreño para Facebook que condena tosquedades como ‘#abusar #de #los #hashtags #para #todo’. Proliferan los blogs y los videos de Youtube dedicados a dictar reglas de ‘Netiqueta’ (me pregunto si entre mis costumbres virtuales hay algún defecto equivalente al de sacar la lengua a la hora de comer). En este nuevo mar de prescripciones, habrá que aprender a distinguir lo genuino de lo espurio, lo práctico de lo banal. En internet, por desgracia, no hay pan que nos incite a jugar con el migajón.”

Ainoa Lander González nos recuerda: “Imagínense la risa al ver que te OBLIGAN a no dejar que se muestre la caspa de tu cabeza cuando por x motivo no hayas podido lavarla para que los demás no se sientan incómodos por tu suciedad. O la sorpresa cuando nos dicen que ‘no es lícito hacer mención de una persona por su sobrenombre’, piensen cuantos nombres nos deberíamos aprender en sustitución a los Pichis, Nachos, Chichis y Negros y Gordas”.

¿Y los sobrenombres de Andrés Manuel?

Riqui Riquín Canallín, Señoritingo (Meade), pelele, títere, puchos, blanquitos, ternuritas, aprendiz de mafioso, pirruris, fresas y, el recurrente, fifís.

¿Dónde quedó aquí el manual de “urbanidad”?

Andrés Manuel y Beatriz, ya chole con el “Manual de Carreño”. Un manual burgués, clasista, sexista, sí, en una frase: un manual fifí.

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