Vivimos hoy en día un intenso debate acerca del futuro del trabajo: la destrucción de empleo y la obsolescencia profesional y nuestra potencial suplantación por robots. No cabe duda que todos vivimos amenazados por la velocidad exponencial que conlleva el vertiginoso estado de constante innovación tecnológica actual, el cual ha desembocado en esta parte del mundo occidental en una especie de compromiso vital que conlleva un aprendizaje sostenido y continuo y que parece que esta capacidad de aprendizaje, la de aprender y desaprender lo anteriormente aprendido, va a acompañarnos durante muchas décadas, como una nueva cualidad inherente a nuestra nueva condición de humanos digitalizados.

A todo esto, además, se suman la voces mesiánicas del movimiento transhumanista que nos hablan del hombre aumentado, de un nuevo status-quo para la humanidad gracias a la biotecnificación, una nueva era que verá nacer el posthumano, el superhombre, una nueva especie superior surgida de una hipotética hibridación hombre-máquina; humanos hacia una nueva especie mejorada, la era de la singularidad como proclaman, entre otros, Ray Kurtzweil, que nos llevará a traspasar, gracias a la tecnología, los límites biológicos y metafísicos que marcan nuestra especie.

Premisas como la número siete del Manifiesto Transhumanista: ‘Abogamos por el bienestar de todas las conciencias, incluidos los humanos, los animales, los no humanos y cualquier forma de inteligencia artificial futura, las formas de vida modificadas u otras inteligencias que puedan surgir del avance científico y tecnológico’, nos ofrecen una clara una idea de hacia dónde parece que como sociedad nos dirigimos.

’Make the World a better place’

Al margen de profecías que prometen alcanzar un e-nirvana terrenal y mientras llegan nuestros controvertidos y perfeccionados sucesores evolutivos venidos a solucionar todos nuestros problemas en modo ´make the World a better place’, lo que sí parece indicar nuestro futuro inmediato es que muchas de las ocupaciones actuales tienden a desaparecer.

Según el Global McKinsey Institute en este momento solo un 5% de las profesiones son plenamente automatizables, otros estudios (Oxford) nos advierten del riesgo de automatización de hasta un 47% en las dos próximas décadas, lo cual nos da la orden de magnitud en el volumen de profesiones que desaparecerán y/o corren riesgo de desaparecer, siendo principalmente susceptibles de ser automatizadas total o parcialmente aquellas que, hoy en día, conllevan implícitas en su mayor parte tareas rutinarias como, por ejemplo, las vinculadas a soporte administrativo o logística.

Este impacto afectará en gran medida, aunque no exclusivamente, a los profesionales actuales menos cualificados, aquellos de menor formación y preparación profesional y, por tanto, normalmente coincidentes con los que perciben las remuneraciones más bajas del mercado. Como consecuencia de todo ello, se prevé su expulsión, debido en su mayor parte a la falta de oportunidades para adquirir de manera continua las competencias y capacidades digitales necesarias hoy en día y, por tanto, serán apartados del mercado laboral, con un consecuente y fatal aumento de la desigualdad.

Surgirán así los desempleados o excluidos digitales y algunos no podrán incorporarse nunca más al mercado, ya que cuanto mayor tiempo permanezcan fuera, mayor será su brecha digital, que será lo que les impedirá reincorporarse.

Otros muchos se verán abocados a realizar trabajos puntuales de escasa especialización, remuneración y desarrollo profesional, pasando a formar parte de la denominada ‘Gig Economy’, ocupaciones ofrecidas por vía de las nuevas plataformas digitales, muchas de ellas encuadradas (tal vez muchas veces en la mal llamada) ‘Sharing Economy’, condenados a realizar micro-tareas mal pagadas en competencia en tiempo real y directa con algunos cientos más de personas, trabajadores en definitiva arrastrados por la ‘uberización’ y el ‘global outsourcing’.

No obstante, los inevitables cambios de transformación social, principalmente en el terreno educativo (referido al proceso de adquisición de conocimiento, ya sea en centros académicos o en entornos profesionales, etc.), necesarios para estar preparados hacia este automatizado futuro escenario, no están acompañando la velocidad y evolución de los profundos cambios tecnológicos actuales y, por tanto, aún sabiendo que hay profesiones que van a desaparecer su proceso de extinción no parece que vaya a ser inmediata necesariamente.

Esto es debido, entre otras cosas a que la existencia de las herramientas tecnológicas presentes no implica ni el conocimiento de su existencia, ni el manejo de las mismas (incluso en un nivel elemental: un 44% de los ciudadanos europeos carece totalmente de habilidades digitales), ni tampoco el conocimiento profesional (al menos 36% de los profesionales empleados de la UE no tiene capacidades y habilidades digitales o son muy básicas) de cómo usarlas para dar lugar a nuevos productos o servicios o mejorar los existentes y, de hecho, es paradójico que según la EU casi 800.000 trabajos hacia el 2020 no podrán ser cubiertos debido a la falta de formación en tecnología y ciencia y no olvidemos que la tecnología será una de las principales herramientas estratégicas de competitividad empresarial de este siglo.

Pero aún en este plano meramente empresarial, aún existiendo en el mercado soluciones automatizadas, muchos sectores (como el del automóvil) recurren en según qué geografías a mano de obra ‘humana’ intensiva. Por tanto, existiendo la tecnología y aún siendo los trabajadores reemplazables, por diferentes motivos en la estrategia corporativa ésta puede no ser empleada.

Sólo un 3.3% de los empleos en la EU corresponden a perfiles de alta especialización Tech. La verdadera cuestión, por tanto, no parece ser si los robots van a dejarnos sin trabajo, sino alguna otra como ¿se destruirá más empleo del que seamos capaces de crear, incluso con la sostenida aparición y creación de nuevas profesiones? ¿Serán los estamentos políticos y empresariales capaces elaborar a tiempo un contrato social e implementar medidas que permitan minimizar el impacto en los que se constituirán lamentablemente como parias digitales?

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