Por Carlos Chavarría.

El periodista Jorge Ramos quiso poner a prueba a nuestro presidente al hacerle una pregunta de esas donde lo que se conteste es perder. La pregunta es tramposa debido a que no puede hablarse de tendencias de nada con sólo 3 meses de valores agregados totales.

El problema de los asesinatos en México no es cuestión de estadísticas o gráficas, es un asunto de malas prácticas en muy diversos órdenes.

La violencia en México es un fenómeno super diagnosticado y el gobierno federal conoce todos los lados del asunto.

Aquí el problema, que por supuesto ni Jorge Ramos o cualquier otro periodista americano quieren confrontar, es cómo es que se podrá trabajar cualquier estrategia anticrimen sin que exista la voluntad del pueblo y gobierno de los EEUU, que son quienes ponen el dinero y las armas que acá se convierten en sangre derramada, para que las estadísticas tengan algún sentido en la lucha contra las drogas.

Nixon metió al mundo en la estrategia que bautizó como “lucha contra las drogas” y obligó a la ONU a firmar los protocolos y acuerdos respectivos para que se atacara la drogadicción por el lado de la oferta, pero sin tomar en serio el concepto de la demanda o consumo de estupefacientes.

Desde 1912, que se firmó en Pekín el acuerdo de control de los opiáceos y hasta 1973, en los EEUU el consumo de mariguana fue legal y regulado por los gobiernos estatales, y hasta se expedían los marbetes respectivos para cultivar, distribuir y vender la yerba.

La llegada se la cocaína colombiana alarmó a Nixon, y es hasta entonces cuando deciden que ya era tiempo de entrar en la fase prohibicionista con todas las implicaciones asociadas.

Los indicadores de la lucha serían los decomisos y el precio de las drogas en las calles, los muertos nunca han aparecido como algo relevante. Si el precio de las drogas baja demasiado es síntoma de que hay que apretar la oferta; si el precio sube demasiado, hay que aflojar. Así ha sido la “lucha contra las drogas” en los EEUU.

México por su parte firmó, como siempre, todas las iniciativas de la ONU, pero no le entró en serio al asunto y todo se redujo a las campañas de erradicación de los cultivos que daban espacio mediático y hasta ahí las cosas.

El sistema mexicano de persecución de los delitos continuó su camino en la degradación y no fue sino hasta el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, que bajo la presión de los EEUU se aceleró el paso, pero también sólo para los medios.

El abuso de todo tipo de drogas lo cometen los ciudadanos de los EEUU y allá opera una inmensa e intrincada red de intereses que son capaces de llevarles hasta sus casas, escuelas y bares, todo lo que se quieran meter.

Sólo como ejemplo, de acuerdo con las estadísticas oficiales del gobierno de los EEUU, al 2018 el 20.5 % de los adolescentes y jóvenes de 12 a 20 años usaron mariguana una vez al mes, mientras que el 5% la usan diario (https://www.drugabuse.gov/trends-statistics/monitoring-future/monitoring-future-study-trends-in-prevalence-various-drugs), para cocaína los mismos datos son de 4% y y 1.1%.

Con un precio de la marihuana en las calles de las principales ciudades de los EEUU, que va de los 10 a los 18 dólares el gramo, y un mercado de 60 millones de personas, claro que habrá quien la provea y el consumo aumentará (http://weedindex.io/#mostandleastexpensive).

1 COMENTARIO

  1. Salu222 / buen artículo y buenos argumentos / sin muchas las causas // personales , políticas , procesos, , procedimientos, oferta demanda , logística , $$$$. Gancias etc. / espero no considerar tener la verdad “absoluta “toda verdad es relativa en este caso

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.