Por Félix Cortés Camarillo.

…por las calles de mi barrio

la cosa no es como antes;

sólo queda una esperanza,

que vengan los vigilantes…

Willie Colón, Vigilante

La discusión generalizada sobre la Guardia Nacional ha sido desviada, tal vez involuntariamente, sobre el factor meramente circunstancial de si el mando de ella recae en un civil o se conserva al general de brigada Rodríguez Bucio a la cabeza. Cierto que la promesa del presidente López era que la institución iba a estar bajo el mando de un civil, pero ¡hay tantas promesas incumplidas ya!

Es cierto también que en el organigrama la nueva policía depende del señor Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Pública, un civil, y que –en definitiva– el comandante supremo de las fuerzas armadas es el Presidente del país, otro civil. Por eso digo que la discusión sobre la cabeza es irrelevante, cuando lo que debiera ser objeto de nuestra atención ciudadana es el funcionamiento del cuerpo, que tiene a su cargo resolver la cuestión de la seguridad, que es la más importante para todos los mexicanos a pesar de lo que diga López Obrador que insiste en situar en ese sitio la corrupción. A fin de cuentas, ésta es también parte de la corrosión de nuestra seguridad.

De esta suerte, la discusión y aprobación de las leyes secundarias ocupa a la supuesta oposición en el Senado en el empeño de meter la palabra civil precediendo a cuanto mando se mencione. Sin embargo, lo fundamental es lo que las leyes permiten y obligan, particularmente en el uso legitimizado de la fuerza en la conservación de la seguridad: incluyendo la fuerza letal, que en otras palabras de James Bond, es la licencia para matar.

Otros aspectos igualmente descuidados son las funciones de inteligencia, que tradicionalmente fueron de la Dirección Federal de Seguridad y más recientemente de la CISEN. Me refiero, desde luego a las labores de espionaje. Las leyes secundarias producen muy pocos cambios pero institucionalizan lo que era una práctica tolerada pero poco regulada. Aquí se incluye la escucha de conversaciones telefónicas, el seguimiento a las comunicaciones electrónicas y otras de redes, que van a convertir a la Guardia Nacional en un Big Brother de colosales dimensiones e indiscutido poder. Dado el creciente monopolio del poder en su rama ejecutiva, que sigue progresando al debilitar institucionalmente a los poderes legislativo y notablemente judicial, ese descontrol de mando, ahora sí único, no es tranquilizador.

No vayamos a descubrir, como solemos hacerlo, tardíamente, que el remedio salió peor que la enfermedad.

PILÓN.- La notoria –por excepecional– participación de Jorge Ramos en la mal llamada conferencia de prensa matutina del presidente López, ha puesto al descubierto la existencia de una brigada más o menos numerosa pero muy activa, de unos terroristas anónimos, camisas pardas del presidente, que operan con entusiasmo obviamente patrocinado en las redes sociales. La cadena noticiosa Bloomberg ya se ganó el calificativo de prensa “fifí” al poner al descubierto el fin de semana esta peculiaridad del ejercicio periodístico en México a partir de las “mañaneras”. La descalificación de cualquiera que no acuda a esos sermones canónigos a rendir pleitesía al presidente o incluso a pedirle que se reprima a las plumas disidentes, es inmediata en las redes llamadas sociales que en el anonimato llevan su propia descalificación. Uno puede o no estar de acuerdo con la exposición de Ramos; lo que no se puede acepar es la pretensión de poner en peligro la libertad de pensamiento y, sobre todo, de expresión.

felixcortescama@gmail.com

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