Por Félix Cortés Camarillo.

“…te está cantando el que te ama

Con el permiso de Dios.”

Esperón, Cortázar, Mujer, abre tu ventana

Estas son las mañanitas de Palacio Nacional…

Nunca hay que bajar la guardia, en cualquier discusión, cuando el contertulio comienza una sentencia diciendo “con todo respeto…”. Especialmente cuando del otro lado está el mandatario omnipotente, obcecado, intolerante y de memoria débil, de una república bananera y dócil.

La excusa anticipada del “todo respeto” es uno de los recursos frecuentes del presidente López en sus doctrinarios soliloquios de las siete de la mañana en Palacio Nacional. Después del “con todo respeto”, que debe traducirse con “no estoy de acuerdo, aunque tolero que tengas otro punto de vista” viene un mandarriazo que descalifica la afirmación de nuestro lado.

Hay otros recursos recurrentes del canto matutino de lunes a viernes, como el “se” impersonal, que priva de responsabilidad específica: “se está trabajando… se está estudiando… se tomó la decisión… se ha visto”. ¿Quién está trabajando, estudiando, decidiendo, viendo, qué?

Se acude también al uso mayestático del Nosotros en lugar del Yo: Pensamos, encargamos, le vamos a pedir, decidimos, cuando es muy fácil decir “pienso, decidí, le pido, le encargué a fulano o a zutano hacer tal o cual cosa”. El cuarto, y tal vez más peligroso, es la afirmación contundente e irrefutable, que con frecuencia ampara inexactitudes o, como afirman algunos estudiosos, francas mentiras: “lo puedo probar; yo tengo otros datos”.

Dejo de lado, porque merece un estudio especial, del que los siquiatras no debiesen ser excluidos, la personalización que el presidente López ha hecho para descalificar a quienes no opinen como él. No me refiero al caso de Jorge Ramos. Hace unos días circuló por ahí una supuesta denuncia de Jorge Ramos diciendo que Andrés Manuel le había privado de su licencia de periodista en México. Me queda claro que lo único que puede ser cierto en este tema es que a Jorge le hayan retirado la invitación a asistir a los coros mañaneros; no es que me guste la medida, aunque reconozco que a mi casa invito a quien yo quiera, periodista o no.

No obstante, durante mis sesenta años de ejercicio, me consta que nunca ha existido una licencia de periodista en México para poder ejercer; existe, sí, la llamada “charola” que son las credenciales que cada medio extiende –si le place– a sus reporteros, fotógrafos, columnistas o colaboradores. Hace mucho que esas charolas dejaron de tener lo que muchos pensaron tenían, una especie de patente de corso para estacionar el carro en lugar prohibido, volarse un alto o –en la prehistoria– entrar de gorra al cine.

Para ejercer el periodismo en este país primero hay que ser periodista; luego, contar con algún medio, cualquiera que sea su tiraje, cobertura o alcance, que publique su trabajo.

Pero no me refería yo a ese caso. Me refiero concretamente a los ataques directos del presidente al grupo Reforma, que lo único que han conseguido es aumentar el número de sus lectores y simpatizantes.

La redundancia en temas, lemas y recursos de campaña del presidente López está cobrando. La audiencia de la transmisión por los canales del Estado de las sesiones de adoctrinamiento cantado en ritmo de soul tienen evidentemente cada vez cifras menores. No todo mundo está dispuesto a escuchar todos los días las mismas cantaletas de que vamos muy bien, que las cifras del desarrollo económico están falseadas, que los del gobierno actual no son como los anteriores, que todo mal se debe al neoliberalismo y que alcanzaremos el reino de Jauja en cuanto acabe de exterminarse la corrupción, madre de todos los males. Me canso ganso.

Cosa que no deja de ser un sueño animado por el buen deseo. Con mala melodía.

felixcortescama@gmail.com

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