Por Carlos Chavarría.

Aun los socialistas más convencidos saben que es más importante la estrategia y la adaptación dialéctica de la izquierda a las nuevas circunstancias, que la nostalgia como direccionamiento de la praxis política de la izquierda una vez tomado el poder.

Haber abierto los cauces de la polarización de la sociedad entera contra toda estructura del poder para venir a converger en el discurso y propuesta del llamado “viejo PRI” como que no es transformar nada.

Revivir por pura nostalgia del presidente un paradigma que ya probó su agotamiento y posibilidades habla de una persona que se quedó atorada en el pasado.

¿De verdad existen tantas holguras para repetir los mismos errores? Al igual que el documento que usó AMLO en su campaña electoral y que llamó Proyecto de Nación 2018-2024, el recién presentado Plan Nacional para el Desarrollo 2019-2024, es una mezcla abigarrada de imperativos axiomáticos con indicadores sin soporte, metas lanzadas sin casos de éxito comparables, proyectos que se asumen como atados a las metas, y un cúmulo de subjetivismos socialistas de la época de los 60´s y 70´s del Siglo XX, hoy ya abandonados hasta por los izquierdistas que comprendieron que era mejor situarse en la democracia social como concepto y práctica que adoptar el estalinismo castrista.

Desde los primeros apartados del documento se perciben las diferentes mentes y enfoques, algunos en franca contradicción, que se encargaron, una de dos, o de sintetizar las ideas de diversos o de hacer el todo el documento.

Es muy inteligente tratar de colgar o ligar con el tema de la corrupción y la pobreza todas las áreas de la planeación, nadie se atrevería a cuestionar algo tan verdadero y universal como la corrupción y el necesario apoyo a los que menos tienen.

En el mismo sentido, lo que AMLO llama como “neoliberalismo” se sitúa como la causa que le da origen a todos los males del país y se asegura que hasta antes de 1982 todo se había hecho bien, y por lo tanto debería regresarse a las mismas políticas económicas y sociales, lo que es absurdo y mentiroso:

“El mayor desastre de este periodo de 36 años fue sin duda la destrucción del contrato social construido por los gobiernos posrevolucionarios y la incapacidad de remplazarlo por un nuevo pacto. La prueba de esa incapacidad es que las facciones que ejercieron el poder en este lapso no pudieron dotarse de una nueva constitución, que es el documento en el que se plasma el pacto social, y hubieron de recurrir a reformas que adulteraron mucho del espíritu de la de 1917 pero que no pudieron, en definitiva, suprimir la totalidad de su carácter social. En estas circunstancias, los gobiernos que se sucedieron en México entre 1982 y 2018 recurrieron a una simulación generalizada como sucedáneo del cumplimiento efectivo de la ley suprema y de las derivadas”. Pag.6

Para poder brincarse las leyes cuando le sea conveniente, como lo han hecho al aplicar las “consultas a modo”, propone en el apartado titulado “Democracia significa el poder del pueblo”: “Nos dotaremos de una democracia participativa para socializar el poder político e involucrar a la sociedad en las grandes decisiones nacionales.”

Muy consecuente con el romanticismo discursivo y casi místico de AMLO, que no es sino eso, discurso: “El paradigma que estamos construyendo se basa en la convicción de que es más fuerte la generosidad que el egoísmo, más poderosa la empatía que el odio, más eficiente la colaboración que la competencia, más constructiva la libertad que la prohibición y más fructífera la confianza que la desconfianza. Tenemos la certeza de que los principios éticos y civilizatorios de nuestro pueblo son las claves del nuevo pacto social y del modelo de desarrollo para el México que está renaciendo tras la larga y oscura noche del neoliberalismo”. P.13

Todo el documento adolece de contradicciones debido a lo que de hecho ya está actuando el presidente de la república en contra de su propio plan. Uno de los primeros casos está en la p.16 donde se determina que: “… El Poder Ejecutivo no intervendrá de manera alguna en las determinaciones del Legislativo ni del Judicial, respetará las atribuciones…”, cuando ya sabemos que la práctica del presidente es hacer, aun sin leyes que lo faculten, al son de que primero la justicia.

Así, sin más, y por supuesto sin consultar a nadie y mucho menos al Poder Legislativo y todos los tratados internacionales que México ha firmado, se abolió el prohibicionismo de las drogas para entrar en un modelo de regulación por parte del gobierno.

Los priistas de abolengo deberían estar muy agradecidos porque AMLO propone revivir el “estado de bienestar” que según él emanó de la Constitución del 1917 y fue un éxito hasta 1973:

“En el caso de México, los artículos 3, 27, 123 y otros de la Constitución de 1917 sentaron las bases para un Estado de Bienestar con características propias en un país predominantemente agrario y de tradiciones indígenas comunitarias”.

“Para edificar el bienestar de las mayorías se requería de una fuerte presencia del sector público en la economía, de enérgicas políticas recaudatorias y de una intervención estatal que moderara las enormes desigualdades sociales en las que desemboca de manera inevitable una economía de mercado sin control alguno. Así pues, hasta hace unas décadas era normal y aceptado que en los países capitalistas industrializados el Estado detentara el monopolio de sectores estratégicos como las telecomunicaciones y los ferrocarriles, la operación de puertos y aeropuertos, los sistemas de pensiones y, por supuesto, los sistemas de educación y salud.”

“En la crisis económica de 1973 los grandes capitales y sus ideólogos…”

El documento debe ser leído y analizado por todos los ciudadanos so pena de que la abrupta llegada de la realidad sorprenda a las generaciones que nada saben del pasado.

El PND de AMLO me recordó en mucho al que elaboró Miguel De Lamadrid cuando López Portillo le entregó el país, ese sí en verdadera bancarrota. Es muy similar el estilo, la organización de las ideas y sobre todo la dedicación a la corrupción y la pobreza, igual que ahora.

Sólo por recordar: “¡Por la renovación moral de la sociedad!”

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