Por Eloy Garza González.

¿Conoce usted a los políticos placebo? Son como los medicamentos sin efectos orgánicos específicos, pero con impacto psicológico. En las grandes ciudades, por ejemplo, existen los botones placebo. Se usan en los cruces de peatones de algunas avenidas: el usuario oprime el botón y supone que el semáforo cambiará más rápido a rojo para cruzar a la otra acera.

En realidad estos botones no sirven para nada, no están conectados al sistema de cambio de luces del semáforo, pero amortiguan la espera de los peatones. Producen un efecto placebo.

Es similar a los botones de los elevadores para cerrar más rápidamente las puertas. ¿Sabía usted que en realidad es falso que aceleren el cierre? No tienen ningún efecto. Carecen de utilidad práctica. Es mero efecto psicológico para los usuarios del elevador.

Muchas áreas de queja en los centros comerciales tienen el mismo efecto. ¿Un ejemplo? Hace días fui testigo en un centro comercial, al sur de la Ciudad de México, cómo un guardia insultó a una familia con dos niños porque se les trabó el boleto de estacionamiento. La madre de los menores estaba temblando de miedo.

Los acompañé a presentar la queja. Nos dieron el nombre del guardia, “Rodolfo”, y le aseguraron a la familia que despedirían al empleado abusivo. De inmediato la madre de familia se tranquilizó. ¿Cuánto apuestan a que el tal Rodolfo sigue en su puesto todavía? Efecto placebo.

Si supiéramos cuántos políticos tampoco tienen la mínima utilidad nos quedaríamos con la boca abierta. No se trata de recortar la nómina del aparato de gobierno. Es peor: algunos alcaldes, diputados federales, senadores, casi todos los gobernadores, serían fácilmente prescindibles.

Si se ausentara alguno de ellos por varias semanas o meses a su cargo, no pasaría nada. Los servicios del gobierno operarían igual; bien o mal como siempre, pero igual.

Sin embargo, su presencia en la cúspide del poder municipal o estatal produce un efecto placebo: nos da la sensación de que alguien se hace responsable de los asuntos que nos afectan a todos. O que alguien, bien o mal, está trabajando para nosotros. En efecto, es mero efecto placebo. ¿Un ejemplo? Tatiana Clouthier: como diputada federal es muy buena presentadora de libros, sobre todo si presenta el libro que ella escribió.

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@eloygarza

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