Por Félix Cortés Camarillo.

De profesión líder sindical, por 43 años, de los trabajadores de la petroquímica en México, Gilberto Muñoz Mosqueda fue asesinado a balazos el sábado en Salamanca, Guanajuato. Dice José Alfredo que en ese estado la vida no vale nada.

Pero Guanajuato no tiene la exclusiva de la muerte; en Minatitlán caen trece seres humanos acribillados. En Morelos, media docena de custodios mueren de bala. En Ecatepec, en Tamaulipas, en Culiacán. Como en el cuento de Edmundo Valadés, la muerte no espera a que le den permiso: se lo tomó de antemano.

A la precipitación de la violencia en todo el territorio del país, la reacción es visceral, instantánea y torpe. Se acelera la implementación de una Guardia Nacional que no tiene ni permiso, ni entrenamiento, ni armas, ni disciplina, ni organización, ni autoridad. Por lógica, uno de los soldados improvisados de policía, cae víctima de la improvisación.

¿Cuánto tiempo más vamos a seguir así? ¿Cuándo le vamos a dar el golpe al golpe?

PILÓN.- El anuncio de la semana pasada fue contundente y literalmente no tuvo madre: se declara desierta la licitación de la refinería de Dos Bocas en Tabasco, que de origen había sido sospechosa. Se convocó solamente a cuatro empresas que según el gobierno podrían realizar el proyecto del presidente López.

Una de esas compañías de plano se rajó porque las condiciones impuestas eran imposibles de cumplir. A saber, un presupuesto limitado a cinco mil millones de dólares, un plazo de tres años y una producción de no menos de 350 mil barriles de petróleo al día. Las otras tres, que siguieron con la idea –una norteamericana, otra franco-italiana y otra italiana– pidieron más tiempo para la edificación de la refinería y entre diez y doce mil millones de dólares para poder hacerla.

Ante esa realidad, la licitación se canceló y el presidente tomó la decisión de que la refinería será construida por Pemex y la Secretaria de Energía, por ingenieros mexicanos que no han hecho una refinería desde hace cuarenta años, con ocho mil millones de dólares. Me canso ganso.

En esa gansada se nos escapó un detalle del anuncio. López Obrador dio a conocer que la deuda de Pemex se convierte en deuda soberana. No se trata de una mera mutación de nomenclatura. Quiere decir, y así lo señaló el presidente, que el gobierno de México asume la responsabilidad total por las deudas de la petrolera. Eso quiere decir deuda soberana. Las consecuencias directas son que, si Pemex tenía dificultades para obtener financiamiento y créditos en el mundo, ahora ese fardo lo ha tomado el Estado en su totalidad. En otras palabras, nos va a costar más el dinero prestado y va a ser más difícil que nos presten.

Yo quisiera que el presidente tuviera razón, que los ingenieros mexicanos fueran muy chichos y que con poco dinero hicieran un portento de ingeniería y en tres años fuésemos mucho más ricos.

Pero los hechos suelen ser más tercos que los presidentes.

felixcortescama@gmail.com

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