Por Carlos Chavarría.

Las aseveraciones matutinas que acostumbra el presidente López Obrador para desacreditar a sus adversarios ya parecen más un ajuste de cuentas del que nadie se salva, que representar alguna intención real de atacar las raíces de la corrupción y de tantos otros males que él siempre encuentra a quien cargárselos. Vaya, hasta sus errores, como el asunto de salud encontró culpables.

Lo que debería preguntarse el presidente es si en realidad sus propósitos de control absoluto del país en el 2021 se verán beneficiados por tanta basura lanzada a personas en lo especifico cuando sus resultados de gestión, en realidad son bastante pobres y sus efectos; como en el caso del sector salud ya se dejan sentir en los usuarios.

Cada vez que el presidente jala el mantel presupuestal que tiene puesto sobre la mesa, deja sin recursos alguna área de su misma administración y todo con el objetivo de completar su programa electorero para ganar “adeptos reales” que le aseguren en control político total del país en las siguientes elecciones.

¿Ganar más electores en los sectores más fregados de la sociedad permitirá que la economía del país crezca para sacar a esa pobre gente de su precaria condición? ¿Vale la pena el crispamiento y encono que está causando contra todos los sectores de la vida nacional por el solo hecho de que no piensan como él?

A estas alturas de la administración el presidente ya debió darse cuenta de que no le conviene creerse sus propias mentiras de candidato, como aquella de que le iban a sobrar $500,000,000,000 nada más de acabar la corrupción, que por cierto terminaría con su llegada al poder el 1 de diciembre del 2018.

Las economías que dice están haciendo no son sino eliminación de servicios que antes se prestaban y ahora ya no. Son empleados del gobierno que despiden y cuyas funciones se eliminan, pero nada que hablar de mejorar la productividad o la eficiencia en el sector público, esa esta igual o peor que siempre, las malas prácticas son la norma.

Los vicios en su gobierno son los mismos que los anteriores, pero ahora aderezados por un discurso contradictorio. Los gobiernos anteriores hacían concursos a modo para que ganaran sus favoritos, cierto, pero éste ni concursos hace.

Los que le precedieron hacían como que consultaban al legislativo, el de ahora los tiene a modo y las cámaras parece que le leen el pensamiento. Ahora se maneja por memorándums, ni le importan las leyes en sí.

Los gobiernos anteriores maquillaban los números de sus portales de internet. Ahora el presidente no aprende con sus errores, cada vez que habla, sus mismos números lo contradicen, quema alguien de su equipo y actúa pareciendo consecuente, pero fue él quien provocó el equívoco.

Habla de mafias en todas partes y poco a poco va integrando la suya a base de “gente leal” aunque no estén preparados para el trabajo. Le será fácil conseguir así un equipo, son tantos los problemas y las soluciones implican costos que siempre cargara a sus primeros funcionarios, presionados renunciaran y ahí están los huecos para ser ocupados por sus cuates.

Este régimen no llegara a ninguna parte, porque el mundo, como lo quiere modelar no es mejor, no es el de Madero, Cárdenas, Juárez, etc., de gran moralidad y respeto, su modelo es el de Plutarco Elías Calles que busca el presidencialismo hegemónico paternalista donde quepan todos los que el régimen defina como “buenos” y los demás al ostracismo.

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