Por Eloy Garza González.

1.- En Monterrey

En el supermercado de Monterrey, horas antes de la final. Las cajas repletas de gente. Atrás, un pobre muchacho trae varios cartones de Tecate. Sufre porque están a punto de suspender la venta de alcohol (6 de la tarde) y aún le faltan seis carritos para pasar a caja. Ansiedad. Casi angustia. Ahí se nota que los regiomontanos no son solidarios para casi nada, pero si ven a un pobre chavo en riesgo de quedarse sin Tecates para la final Tigres-León, se les reblandece el alma.

Conmovida, emocionada, la gente lo deja pasar hasta el primer lugar de la fila. Paga las Tecates un minuto antes del cierre y lo ovaciona con un orgullo colectivo, extraño e inexplicable. Si en vez del chavo hubiera sido una anciana de cien años, otro gallo le hubiera cantado. Ahí seguiría la viejita haciendo cola. ¡Quién le manda no comprar Tecates!

2.- En León

La cantina de León, Guanajuato, es un páramo de almas en pena. Cunde la depresión en el Bajío mexicano y los fanáticos se encogen de hombros frente a las pantallas. Han perdido el juego final y se han aburrido. Sólo el barman sonríe misteriosamente. Nada más triste que hundirse en la derrota al cabo de muchos bostezos.

“Es que deberíamos estar a favor del futbol ratonero”, dice el barman. “En la vida hay que ser ultra defensivos, como Tuca Ferretti. Yo le pongo un monumento al técnico. ¡Cómo de que no! Ser ratonero es una estética, una forma budista de no pretender apantallar al rival, de ganar echándose para atrás”. De ahí las sabias frases: el cementerio está lleno de valientes, el fracaso es la insignia del audaz, más pierde el que arriesga y se la juega.

Tiene razón el barman. Pero mi temor va más allá. Tras el ejemplo arrollador de ganar 7 títulos de liga, uno de copa y 3 campeón de campeones, el estilo que imperará por un buen rato en el futbol mexicano será el ratonero. Todos querrán ser ultra defensivos.

Se acabará por un buen tiempo la fiesta, el virtuosismo en la cancha, la osadía y el espectáculo. ¿Qué sigue? Aficiones en León, Guanajuato que dejarán de ser leales a su equipo y acabarán por aburrirse de plano en total sobriedad. Y peor, por dejar de emborracharse en las cantinas guanajuatenses. Adiós a las borracheras ilimitadas que mueven el circulante en el Bajío mexicano.

“Si eso pasa”, dice el barman, “yo ya no quiero ser ratonero, me retracto. ¡Viva la ofensiva entretenida y abajo Mejía Barón, Manuel Lapuente, y el peor de todos, por ganador, victorioso y triunfador, el Tuca Ferretti!”

Es de buenos cantineros recapacitar y defender la heroica tradición guanajuatense de emborracharse hasta las chanclas. Aunque se olvida que, al menos en México, la gente se embriaga más por decepción y tristeza que por festejar. Las penas de un mexicano se olvidan en el fondo de una botella vacía. Y con canciones chillonas de José Alfredo.

@eloygarza

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