Por José Jaime Ruiz.

La órdenes de aprehensión contra Emilio Lozoya Austin, exdirector de Pemex, y Alonso Ancira, de Altos Hornos, se dan en un momento de declive menor, pero declive, del presidente Andrés Manuel López Obrador y son un golpe de timón en su política.

1.- Si existió un pacto de impunidad entre el expresidente Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel, con la orden de aprehensión de Lozoya, se rompió. López Obrador ha reiterado, como prefigurando lo que sucedió ayer, que la corrupción no sólo es de los políticos. Para bailar el tango o, en este caso, la lambada, se necesitan dos. Los cientos de millones, nunca invertidos, siempre gastados y compartidos, por Agro Nitrogenados dan cuenta de la connivencia.

2.- La investigación no puede quedarse en la corrupción de la planta de fertilizantes, tiene que ir más allá en cuanto a Emilio Lozoya, tiene que profundizarse en las relaciones con Odebrecht. Y esa relación toca directamente a Peña Nieto porque se presume que la compañía brasileña fondeó su campaña presidencial. Que la Fiscalía de Alejandro Gertz Manero se quede sólo en el nivel de Lozoya, es no llegar a las últimas consecuencias y contradecir las líneas discursivas constantes de Andrés Manuel sobre el uso de chivos expiatorios. Si no se llega a las últimas consecuencias, López Obrador se descubrirá no en un cambio de régimen sino en la continuidad del supuesto “antiguo” régimen.

3.- Si Enrique Peña Nieto, tan campante por Madrid con Tania Ruiz, ofreció como cabeza de turco a Emilio, las cosas pueden salirse de su control. El defensor de Lozoya, Javier Coello, ya politizó el caso porque declaró que llamarían a comparecer “hasta el presidente Peña Nieto para que declare, porque no se movía una hoja si no era por instrucciones del presidente”.

“También exigiremos que quienes manejaron Pemex después, expliquen punto por punto y también los Consejeros de Administración, yo sé que suena fuerte, pero si buscan la verdad la van a encontrar”, aseguró Coello en entrevista con Carlos Loret de Mola.

4.- Si realmente lo que ofrece Andrés Manuel es un golpe de timón y no la exhibición de un chivo expiatorio (o dos), bienvenido. No se podía mantener un discurso de lucha contra la corrupción manteniendo la impunidad. Era una incongruencia política total y un incumplimiento al mandato ciudadano de julio pasado.

5.- Con la caótica exhibición de los montos pagados al total de periodistas y prensa, por un lado, y con esta nota contra la impunidad, Andrés Manuel recupera la agenda, al menos la mediática, después de la lista y de la crisis de medicamentos para la salud social (aunque socialmente siga el problema). Las órdenes de aprehensión en contra de Lozoya y Ancira pueden escalar inclusive hasta Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo. Tal vez Lozoya se sienta traicionado por Peña Nieto, por eso el amago de Javier Coello.

Andrés Manuel, en su conferencia matutina que tuvo hace semanas en Nuevo León, expresó, como lo ha expresado siempre: “Pero no soy partidario de enjuiciar expresidentes, sino al régimen. No habrá chivos expiatorios”.

La política, es cierto, es tiempo… y los tiempos cambian.

@ruizjosejaime

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