Por José Jaime Ruiz.

Quien juega a la ronda con el lobo, sale lastimado: “Luego de la detención por abuso sexual y pornografía del líder de la iglesia La Luz del Mundo, Naasón Joaquín García, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que su ‘conciencia está tranquila’ porque, reiteró, respeta y es tolerante”.

“Ayer la Fiscalía General de California en Estados Unidos detuvo a Joaquín García por presunto tráfico de personas, producción de pornografía infantil, violación de un menor y otros delitos graves.

¿Qué es el respeto para Andrés Manuel? ¿Qué es la tolerancia? ¿Cómo puede estar su conciencia tranquila cuando institucionalmente se premia desde Bellas Artes “La Oscuridad del Mundo”? ¿Qué dirán las víctimas de esta tolerancia cómplice?

“Pues aquellos ojos asombrados, abiertos al mundo, iluminados por una secreta alegría, eran apenas el aviso de un rostro pleno de voluntad y energía moral… ¿Qué súbito respeto inspiraba su indefensa naturalidad?”, se pregunta Carlos Fuentes en su novela Las buenas conciencias.

Más que una condena, parece una defensa. Andrés Manuel no requiere defender a nadie, menos a quienes, todo parece indicar, se aprovechan de su “religión” para cometer delitos. Igual nuestro presidente ha optado por “tolerar” los abusos de la iglesia católica al decir que esos abusos “corresponden” a la propia iglesia y ahí deben dirimirse.

La pasividad en estos temas de Andrés Manuel es insultante. Amigo de sus amigos, no amigo de la verdadera tolerancia. En verdad, ¿si Dios no existe todo está permitido, como lo escribió Dostoyevski? ¿Por qué aceptar el orden del desorden de los abusos? Como menciona en su libro Tratado sobre la tolerancia, Michael Walzer, que tolerar al excéntrico es fácil. Que no lo sea. No aquí, no ahora.

@ruizjosejaime

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