Por Félix Cortés Camarillo.

…si lo que más quería,

el alma mía me abandonó.

Pero no hay que llorar…

Abel Domínguez, Hay que saber perder

“No ganamos todo, pero no tenemos aranceles”, eso dijo en público en Tijuana el sábado por la tarde, Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores de nuestro país, afirmando que eso fue lo que le informó en privado a su jefe el presidente López al término de las conversaciones que condujo en Washington con representantes del gobierno de los Estados Unidos.

Pese al ambientazo de Tijuana, de matracas y alabanzas, México no ganó nada.

Si alguien puede proclamarse ganador en estas supuestas negociaciones entre los dos países, es el presidente Trump.

No es obsesión de antagonista; el asunto es muy simple. ¿Qué es lo que Trump quería y que fue el detonador de esta crisis?

1.- Qué México, de inmediato, reprimiera el tránsito de migrantes desde su frontera sur hacia su frontera norte.

2.- Que nuestro país reconociera la obligación de recibir de regreso a todos los migrantes que llegasen a los Estados Unidos para pedir asilo, y fueran admitidos para ese juicio, para que esperasen la decisión judicial, que en mi experiencia suele durar entre seis meses y seis años, en territorio mexicano.

Lo que sabemos hasta ayer es que, en la celebración de Tijuana, quedó claramente establecido que, en lo que respecta al punto uno, seis mil agentes de la Guardia Nacional en pañales ya andan patrullando las riberas del Suchiate para que nadie ingrese a nuestro territorio sin los papeles necesarios que la ley migratoria de cualquier país exige. Eso es un giro de 180 grados a la política migratoria del presidente López hace seis meses, que instruía facilitar el tránsito a quien quisiera pasar por México hasta la frontera norte y ofreciéndole a quien quisiera quedarse aquí, papeles, trabajo, seguro social y asistencia social. Eso indudablemente propició en los últimos meses las caravanas migrantes de Centroamérica.

En el punto dos, más oneroso, lo que sabemos hasta ayer -por boca del presidente López- es que los que sean regresados a seguir su trámite de asilo en nuestro territorio tendrán casa, comida, sustento, salud y protección. Yo no sé cómo.

Dice el señor Donald Trump que en los acuerdos de Washington hay cosas que todavía no sabemos. En México ya estamos acostumbrados a esa práctica. Insinuó por ahí que México va a tener que comprar un chingo de productos agropecuarios de su país; como si nosotros fuésemos autosuficientes para no tener que importar maíz. El presidente López dijo vagamente que hay otros asuntos, sin más detalle.

Ahí el detalle, dice el clásico.

Hasta donde yo recuerdo, Ebrard se fue como pedo a Washington a negociar una medida fiscal internacional, el arancel unilateralmente dictado por Trump y contrario al aún vigente NAFTA y al tratado que le va a supuestamente a sustituir entre México, Canadá y los Estados Unidos. Pero las conversaciones eran para hablar de migración.

Las informaciones oficiales sobre el resultado de las conversaciones no hacen mención alguna a los aranceles o a cuestiones económicas: es un acuerdo de complicidad migratoria.

Pero eso no es todo, aún hay más, como diría Raúl Velasco.

Todo esto que celebraron en Tijuana, tiene una duración de 90 días. Si el patrón piensa que México no ha cumplido con lo acordado, siguen bastos.

Lo mismo pierde un hombre que una mujer.

felixcortescama@gmail.com

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