Por Félix Cortés Camarillo.

Te vengo a pedir un favor

pero me lo haces:

que nunca vayas a decir

que fui tu amor…

Pablo Valdez Hernández, Te vengo a pedir un favor

Pocos han de recordar, pero hubo tiempos en que las relaciones internacionales se conducían con una aparente cortesía decimonónica. No estaba ausente de pronunciamientos firmes ni de actos espectaculares. En el caso de los lazos entre México y los Estados Unidos bastaría con recordar la postura de nuestro país ante la incesante persecución de la Cuba de los Castro por una decena de presidentes del país del Norte o el gesto de la recuperación del Chamizal, aunque solamente fuera para edificar un monumento hoy desatendido y del que nadie recuerda su historia. Pero éramos todos bien educados y, como diría el presidente López, nos portábamos bien.

Lo mismo sucede en otras áreas: la nonagenaria reina de la Gran Bretaña es un ente anacrónico y prescindible, ya no digamos su esposo. La gran Rusia imperial compite en el mercado del gas de Europa y no le preocupa mantener confrontaciones con la Casa Blanca. China, la de las cinco estrellas doradas sobre fondo rojo en su bandera, sabe que tiene ganada la guerra comercial con su principal deudor, que son los Estados Unidos. Europa entera está aterrada ante el principal problema social de nuestro tiempo, la migración.

La migración, precisamente, ha puesto en el timón de este mundo que naufraga al más peligroso de los demagogos que han estado al mando de una potencia económica desde Adolfo Hitler. Donald Trump ha cambiado todas las reglas de la conducta internacional. Eso quiere decir, simplemente, que el presidente Trump fija todas las reglas de todos los juegos.

En lo que a nosotros nos concierne, nos hemos convertido en agentes de la border patrol norteamericana para que no entren más hacia el norte migrantes indeseables; a nuestro costo. Al Tratado de Libre Comercio entre México, Canadá y los Estados Unidos Donald Trump lo convirtió en un mal chiste. Y si México quiere, como dice el TLC aún vigente, irse a quejar de sus violaciones con la Organización Mundial del Comercio, pues que vaya: Trump saca a su país de ese organismo, como lo sacó de la UNESCO, como lo puede sacar de la ONU si le da la gana. Al fin y al cabo, tampoco la ONU sirve para maldita la cosa.

Yo no ando a la caza de memes en el espacio intergaláctico, pero me llegó uno doloroso. Es un montaje sobre una foto de Trump con el príncipe Carlos durante la reciente visita del pelipintado a Londres. Trump tiene sobrepuesta en el pecho la banda tricolor del presidente de nuestro país y le dice al heredero de la corona: ¿qué tal se me ve?

No hay una banda universal de monarca omnipotente. Ya la lleva puesta Donald Trump y la presume.

Nuestro amigo.

PILÓN.- Los permisos ambientales para darle vía franca a la refinería de Dos Bocas, allá donde todo es un edén, van a estar cuando el presidente López ordene. Mañana nos dorarán más la píldora en la conferencia de prensa mañanera.

El asunto es que, equivocadas y todo, las compañías calificadoras que han devaluado la solvencia de Pemex y de su patrocinador gobierno, han enviado un mensaje de fragilidad mexicana a todos los mercados del mundo. No se trata solamente del costo que mantener a todos los potenciales inmigrantes que esperarán su juicio de asilo en nuestro territorio y a los que hay que dar casa, comida, trabajo, salud, educación y sustento: eso está en el orden de los miles de millones de pesos necesarios en otros cajones del ropero nacional.

Se trata igualmente del enorme gasto que implican los programas de limosna, que son la moderna modalidad del frijol con gorgojo para la compra de votos, que ha inaugurado –al menos en la proclama y la conferencia de prensa– la administración actual.

No nos hagamos patos. México no tiene dinero para todos estos mesiánicos proyectos. El gobierno del presidente López tendrá que cancelar, si no quiere declararse en quiebra, sus proyectos de Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya.

Si no, al tiempo. Poco tiempo.

felixcortescama@gmail.com

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