Por Félix Cortés Camarillo.

Arriesgar de una vez

lo que soy por lo que puedo ser…

Reach (Puedes Llegar) Gloria Estefan

Compuesta para los Olímpicos de Atlanta 96

La mexicana Paola Michelle Longoria López va a cumplir 30 años el día 20 del mes que viene. Es una de las pocas personas que al menos tres países han buscado para pedirle que cambie su ciudadanía por la de ellos, en estos tiempos de xenofobia y persecución de migrantes, para que internacionalmente los represente.

Ella, que no revelará de qué países hablo, rechazó sus invitaciones cortésmente; su primer argumento es que ella es un orgulloso cabo del Ejército Mexicano y que así está muy contenta.

El tema es que la potosina Paola Longoria es, bajita la mano, el deportista más destacado que México tiene en todo el mundo. Ella es campeona indiscutible e indiscutida en raquetbol desde hace más de 12 años, primera raquetbolista profesional en el mundo, campeona panamericana, mundial y olímpica en su disciplina, y discreta representante de nuestro país cuando suena el himno del “masiosare” y a ella la premian.

Paola era soldado auxiliar oficinista de nuestras fuerzas armadas en 2014 cuando recibió el Premio Nacional del Deporte, antes de su ascenso, cuando dijo: “pertenezco a una nueva generación de mexicanos que por fin nos hemos dado cuenta de que podemos alcanzar absolutamente todo lo que habíamos soñado desde niños”.

En los tiempos más recientes, la deportista también se ha dado cuenta de que pertenece a la generación de deportistas mexicanos de alto rendimiento que están siendo maltratados por las instituciones que se supone están diseñadas, ocupadas y alimentadas para apoyarlos en todos los sentidos. Los casos surgen aquí y allá: se regatean los apoyos a los deportistas, no hay dinero para su traslado o se dan casos de nepotismo, favoritismo y represalias cuando alguien osa abrir la boca.

En los Juegos Panamericanos de Toronto en 2015, cuando el poderoso y favorito alfil y comodín del presidente Peña, Alfredo Castillo, era el dueño de la CONADE, se dieron casos de escándalo en ciclismo, natación –a Fernanda González le obligaron a competir con un traje de baño que le quedaba chico pero de la maraca que daba lana por el patrocinio– y otras disciplinas. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016 no estuvieron exentos de estos raros fenómenos en la representación mexicana.

El mes próximo, el emblemático para América Latina 26 de julio darán comienzo en Lima los Juegos Panamericanos. Diego Balleza y Andrés Villarreal, de los mejores en clavados sincronizados en plataforma de diez metros quedaron fuera. Alexa Moreno quedó fuera de Lima por no presentarse a un calificativo por lesión.

El asunto no es nuevo: Ana Cristina Guevara, que quiere ser gobernadora de su estado porque ganó una medalla olímpica en pista, recibió la CONADE como premio y maldita es la cosa que hace por el deporte; está dedicada a su precampaña. Ayer se le denunció ante el presidente López y este calificó la denuncia como politiquería.

Paola Michelle Longoria López ha sufrido desdenes y recortes. Incumplimientos de apoyos económicos para su desempeño como representante de México. Tanto, que le andan echando anzuelos por doquier, que ella rechaza. Por el momento.

Dice el pueblo que la liga se estira, se estira y se estira, hasta que se rompe.

Hubieran escogido el beisbol.

felixcortescama@gmail.com