Por Félix Cortés Camarillo.

De oídos hostiles y traidores

nada temas amor

Franz Schubert, El Canto del Cisne

Bastante tarde vengo a darme cuenta que la política no es más que un juego de espejos y de transiciones súbitas.

A raíz de las elecciones el año pasado en México, pensé que se le presentaba al PRI la última oportunidad de refundarse, con el aprendizaje que le había dejado la postulación de José Antonio Meade, pésimo candidato que hubiera sido un buen presidente. Siempre he pensado que para el equilibrio de sus fuerzas políticas mi país requiere de un partido social demócrata de centro izquierda, papel que vino jugando el PRI a pesar de que sus orígenes son precisamente antidemocráticos, frutos de la rebatinga entre las pandillas asesinas que se quedaron con el botín del resquebrajamiento social que llamamos Revolución.

Cuando el PRI comenzó a explorar después de la noche triste de julio 2 sus interioridades en busca de una renovación de dirigencia, me quedaba claro que la dicha refundación era imposible, que las estructuras rígidas de control interno no habían permitido el surgimiento o desarrollo de una nueva clase política, joven, renovadora e iconoclasta. Los dueños de la dirigencia del partido, que habían dejado pasar la débil probabilidad de enderezar la nave con Manlio Fabio Beltrones, que no es ningún joven, ignoraron olímpicamente el voto de castigo que los mexicanos les dedicaron, llevando al poder a la Caja de Pandora que estamos descubriendo.

La emergencia el doctor José Narro lindó con lo patético: qué triste que en este siglo, un organismo político que manejó a su antojo, descuido e incompetencia durante setenta años a un país de este peso, no era capaz de encontrar un líder capaz de encontrar nuevas soluciones que un octogenario bien intencionado pero carente de pandilla y de oficio políticos.

Cuando el doctor Narro tiró la toalla y se retiró no solamente de sus aspiraciones a la dirigencia, sino a su propia militancia en el partido, pensé que era lo peor que le podía pasar al PRI, y al mismo ex rector de la UNAM. Pronto me di cuenta que era todo lo contrario: la dignidad del doctor Narro no merecía morir en un puesto tan infame.

Hoy, con el registro de los candidatos a dirigir al tricolor completado, me doy cuenta de que lo mejor que le pudo pasar al PRI es lo que le está sucediendo: que se le entregue su cabeza, en una charola de plata como la de Juan, a Alejandro Moreno Cárdenas, llamado “Alito”, y abiertamente considerado como el favorito del expresidente Enrique Peña Nieto.

No hay mejor garantía que esto, de que el Partido Revolucionario Institucional, relegado a colero y palero de Morena, entonará el canto del cisne para morir de manera indigna. De la misma manera que en la historia de México, fenecieron el Partido Popular Socialista de Lombardo y el PARM, paleros del PRI en su momento.

Bastarán las elecciones del 2021 para que nos demos cuenta de cómo batallará un PRI endeudado y paupérrimo para conservar un registro como partido, que el presidente López le regalará. Si quiere.

felixcortescama@gmail.com

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