Por Félix Cortés Camarillo.

A un Santo Cristo de fierro, llorona,

mis penas le conté yo.

Cuáles no serían mis penas, llorona,

que el Santo Cristo lloró…

Dominio Público del Istmo, Llorona

Me cuentan que la señora María Isela Valdez Chaires estuvo dos minutos en Palacio Nacional arrodillada frente al presidente López Obrador, en el acto en que él, e importantes miembros de su gabinete, recibieron a las madres de los mexicanos desaparecidos, ante las que el subsecretario favorito del presidente, Alejandro Encinas, presentó los resultados a tres meses del relanzamiento del Sistema Nacional de Búsqueda de personas.

Dos minutos de rodillas ante el presidente.

Todos sabemos, sin duda que la muerte de algún ser querido representa una pesadumbre grave, especialmente si el fallecido es parte de nuestra familia más cercana. Sin embargo, tengo para mí que el dolor más grande que puede sufrir un ser humano es la muerte de un hijo, ya no se diga su desaparición con la incertidumbre de su destino, fatal o no.

La vida no está diseñada de este modo: nosotros debemos honrar a nuestros padres y abuelos, cuidarlos, y cuando llegue lo inevitable sepultarlos y llorar. La vida no está planeada para que los padres enterremos a nuestros hijos. Mucho menos para que peregrinemos por días, semanas, meses, años, en búsqueda de unos restos, un rastro, un indicio, una certeza, algo que sepultar y un sustento para el olvido y la resignación.

Rodolfo Flores Valdez, hijo de la señora María Isela, mujer sencilla de Reynosa, Tamaulipas, tiene cinco años de haber sido “levantado”. Desde el 10 de marzo de 2014. Lo menos que pudo decir la mujer, de rodillas ante el presidente fue, ya no puedo más.

La imagen fue estrujante.

Dos minutos de rodillas ante el presidente López.

Media docena de altos funcionarios escoltaban al presidente. Ni uno solo de ellos –el presidente tampoco– tuvo la decencia de tomar a la mujer por sus brazos para que se incorporase y pudiese llorar de pie y entregar, como todas las otras madres de las víctimas, los documentos que han atesorado por días, meses, años sobre la desaparición de sus hijos e investigaciones infructuosas.

Dos minutos de rodillas ante el presidente López.

Hasta el Santo Cristo de fierro lloró.

PILÓN.- No es la primera vez en que el presidente López hace referencia a las victorias pírricas para justificar su renuencia a entrarle de frente a la agresión del bárbaro del Norte. “¿Qué tal que le ganamos?” suele decir en un chiste muy malo, para hacer referencia a la victoria que sobre los romanos tuvo el rey de Epiro en las guerras llamadas precisamente pírricas, una victoria que tanto costó a sus tropas que el vencedor exclamó “una victoria más como ésta y volveré solo a casa”. Era la batalla de Heraclea, que el rey de Epiro y sus aliados helénicos la ganaron porque el rey puso finalmente a los elefantes en la vanguardia; los romanos no habían visto a un animal así en combate y huyeron.

En esta ocasión el presidente en su referencia a Pirro lo degradó de rey a general y lo rebautizó como Pirri; los encargados de poner subtítulos a la transmisión de la mañanera de ayer lo entendieron como el general Thierry. En fin, fue una cápsula cultural.

felixcortescama@gmail.com

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