El papá de Bryan pidió prestado. Valía la pena por ver a su hijo terminar de estudiar Diseño Gráfico y encontrar trabajo. En su natal Honduras no era opción. Por eso pidió prestado. No le importó pagar por adelantado 3 mil 500 dólares (cerca de 66 mil pesos mexicanos). No le importó tener que completar una vez que llegara al norte de México los 10 mil 500 (casi 200 mil pesos) que le pidieron por llevárselo.

La ilusión les duró 15 días. Bryan a sus 22 años ya puede contar que caminó, subió a camiones, durmió en piso de tierra y en cuartos de hotel, pero seguía avanzando. Después todo se desplomó.

Las malas noticias llegaron de la mano de personas de uniformes de camuflaje y otras de playeras blancas con tres letras que eran las últimas que quería ver “INM”. Los marinos y el personal del Instituto Nacional de Migración le hicieron ver que los sueños no llegarían.

No era el único, una a una fueron sacadas cerca 260 personas que se alojaban en tres hoteles del Puerto de Veracruz y que eran migrantes sin documentos en busca de llegar a Estados Unidos.

Por eso María se puso a llorar cuando los vio. La ilusión había terminado. Ella, a diferencia de Bryan no tomó el “viaje completo”; pagó soólo un tramo para avanzar en su paso por México, pero ni con el dinero lo logró.

Primero intentó viajar por su cuenta con su hijo, el más pequeño. Pero el camino es difícil y aunque dice que por ratos le ayudaban al verla con un niño, en otros tenía que caminar y caminar sin saber siquiera donde estaba.

El paso por México fue el más complicado desde su natal San Pedro Sula, de donde salió porque las pandillas la estaban amenazando para que les pagara “protección”. Por eso cuando le ofrecieron que pagara para avanzar, aceptó.

Ella había escuchado de Veracruz porque otra migrante que encontró en el viaje le dijo que ahí era inseguro, pero no prestó atención porque era sólo un sitio más que debía recorrer; nunca creyó que sería justo en ese estado donde acabaría su viaje.

No dice cuánto pagó. No quiere recordar la cifra.

Prevén incremento en tarifas

Rubén Figueroa, activista del Movimiento Migrante Mesoamericano, aseguró que el cambio en las políticas migratorias y la forma de operar de las corporaciones de seguridad provocará que se aumente los precios de las células dedicadas a traficar personas.

“Las redes siguen operando y el negocio es tan redituable que buscarán a toda costa seguir operando y que esto podría aumentar los costos o aumentar el precio para las personas que son traficadas”.

Entre las personas migrantes que fueron aseguradas en un operativo en hoteles y moteles el Puerto de Veracruz, algunas dicen haber acordado pagar entre 6 mil y 10 mil 500 dólares por persona para llegar desde su país hasta Estados Unidos.

Otros como Jonathan dicen caminar solos y estar en el hotel por casualidad.

Jonathan cumple 13 años. Su “fiesta” será en un camión que lo traslada a la estación migratoria de Acayucan donde decidirán lo que pasará con él al ser un menor de edad migrante sin compañía.

Cuando se le pregunta la razón por la que salió de Honduras, sin miramientos asegura que es para estudiar, porque en su pueblo no hay clases desde hace varios meses.

Con esa misma determinación afirma que salió con una caravana migrante hace un par de meses y que lo hizo sin avisarle a sus papás hasta que ya estaba a varios kilómetros de su casa.

Ahora, como muchos de los migrantes, quiere una esperanza de que el sueño no acaba y que podrá permanecer en México. Como otros preguntan la posibilidad de que les dejen vivir en el país o seguir si les explican que solo quieren llegar a Estados Unidos.

Foto propiedad de: Ana Alicia Osorio

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