Por Federico Arreola

@FedericoArreola

Ha dicho Luis Hernández Navarro este martes 2 de julio en La Jornada: “Sin partidos políticos sólidos, sin la televisión y sin revistas político-culturales influyentes, el eje articulador público del rechazo conservador a la 4T se trasladó al diario Reforma. Cada día, el periódico difunde, tanto en sus noticias como en sus artículos, con razón o no, señalamientos críticos al nuevo gobierno”.

Esta mañana el primer diario que leí fue el de izquierda, sí, el dirigido por la señora Carmen Lira. Después abrí Reforma. Su portada y su columna Templo Mayor le dan la razón al editorialista de La Jornada. Según sus redactores, el discurso de Andrés Manuel ayer en el Zócalo estuvo lleno de “cifras alegres”. Por lo visto, a los periodistas dirigidos por Juan Pardinas no les pareció suficiente la autocrítica del presidente de México cuando habló de los tres grandes problemas que siguen sin resolverse: seguridad, economía y salud. Como resulta imposible superar en siete meses de gobierno los rezagos en estos sectores, AMLO pudo con toda legitimidad destacar solo lo que ha empezado a hacer sin mencionar que tales siguen siendo los grandes pendientes de su gobierno, pero decidió poner el dedo en la llaga: a nuestra sociedad le duelen la falta de crecimiento, la inseguridad y la ausencia de un sistema de hospitales públicos que verdaderamente atiendan a toda la población con la calidad que exige la medicina actual.

Pero Reforma no hace periodismo, sino activismo político de oposición. Más lamentable todavía que su portada y el comentario de Templo Mayor, la nota firmada por Jorge Ricardo acerca de los “acarreados” al evento en el Zócalo. Pensé que este era un debate superado. Creía que estábamos ya conscientes de que la gente pobre llega a los actos políticos en camiones porque no tiene de otra. ¿Quién los paga? Normalmente, la propia gente. Durante años he sabido de personas admirables que organizan colectas para financiar el transporte a los mitines de Andrés Manuel. Innumerables veces me han llamado para pedirme que colabore. Lo he hecho cuando he podido, siempre en cantidades modestas desde luego. Sonia Gutiérrez, de Guadalajara, no me dejará mentir. Como ella, muchas otras y otros activistas que no tienen recursos, pero que se las arreglan para apoyar al dirigente en el que creen.

En fin, Reforma tiene derecho a hacer el periodismo que se le pegue la gana. Pero no es el suyo un trabajo objetivo: es periodismo militante. Qué bueno, seguramente agrada a sus patrocinadores. Me alegra saber que el diario de la familia Junco siempre se las arregla para fortalecer sus finanzas. No soy envidioso y celebro que les vaya bien. Pero periodismo imparcial, desapasionado, objetivo, eso no existe en tal empresa, claro que no.

Por cierto, los “acarreados” no se movieron cuando llovió ni perdieron el entusiasmo ni, tampoco, dejaron de apoyar con toda su energía a Andrés Manuel. Lo han hecho desde hace lustros. Y seguirán firmes. Están más que decididos a cambiar a México.

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