Por Félix Cortés Camarillo

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Alguien de mi entorno me señalaba ayer que la ceremonia del Zócalo no podía llamarse informe, desde el punto de vista estrictamente formal. Cierto, las condiciones legales para que cada año el jefe del Poder Ejecutivo acuda ante el Legislativo para hacer un recuento de haberes y deudas de su ejercicio administrativo no contempla la realización de un bailongo, que así lo adelantó el presidente López el viernes. Este es un acto inédito como son muchos de los actos de la incesante campaña electoral que el presidente López está realizando.

Sin embargo, excepto la duración que fue sólo de 90 minutos, el acto de ratificación programática que encabezó el presidente tuvo las características de un informe presidencial. Es verdad que careció del tradicional rigor formal de abordar en segmentos identificables las acciones realizadas como gobierno interno, economía, educación, relaciones exteriores, etc. A cambio de ello abundó en cifras millonarias que a todos los mexicanos de a pie escapan a una comprensión de bote pronto. No hay quien pueda discutirle que el 88% de los adultos mayores ya recibe su estipendio de cien dólares al mes, ni que en mayo las exportaciones llegaron a más de 40 mil millones de dólares. Pero así ha sido siempre en la danza de los millones de los que todos dudamos.

cNo hubo sorpresa alguna. Los que hemos seguido las 122 confesadas asambleas informativas ya habíamos esuchado repetidamente este sermón, con el que por otra parte en sus principios fundamentales nadie puede estar en desacuerdo.

¿Alguien vota por la corrupción y la impunidad? ¿Acaso alguien osa defender la insolencia del ejercicio del poder insultante? ¿Hay mexicanos que rechacen el desarrollo de Oaxaca, Guerrero o Chiapas? No me incluyan. Pero yo de niño igualmente aplaudía cuando el informe presidencial afirmaba que la principal partida de los egresos en el presupuesto del año del informe habían sido dedicados a la educación.

Esta película ya la vimos. Especialmente el fin de fiesta levantando la mano de la señora Claudia Scheinbaum, privilegiada testigo ayer a bordo del escenario. Si eso tiene algún mensaje críptico, me niego a descifrarlo.

Pero sobre todo esta película nos la han contado hasta la saciedad: si algo hay de malo es lo que nos dejaron, lo bueno es lo que vamos a hacer.

PILON.- De Donald Trump puede decirse –y se dice– muchas cosas, menos que sea opaco. Sus pasos no son cifrados ni ocultos. Son caprichosos e inspirados en una gran soberbia, es cierto; pero de que son sinceros, son sinceros.

Nos restregó cuantas veces quiso su plan de que iba a ponerle un muro a la migración del sur al norte para llegar a los Estados Unidos, y que ese muro lo iban a pagar los mexicanos, y ya lo hizo. Mucho más: en lugar de edificar vallas o pilotes, bardas o metales electrificados, el muro que protege al país de Trump de los migrantes indeseables es un muro humano. Son policías mexicanos, guardias nacionales, federales, soldados o lo que se quiera, los que detienen a los centroamericanos, caribeños, maghrebíes, árabes o pobres que vienen del África Negra, los confinan a campos de concentración y los regresan a donde se pueda, aunque no sean sus países de origen. Como el mismo Trump lo dijo en Osaka, fue suficiente con amenazarlos con aranceles a sus exportaciones para que doblaran las manos. Aranceles que en cualquier momento pueden sacarse del ropero nuevamente.

Trump acaba de posponer la guerra comercial con China, suspendiendo los aranceles igualmente prometidos a sus exportaciones; la medida es tan sospechosa como el acuerdo logrado con México. En ambos casos Trump se guardó una carta mayor. El acuerdo con México y la suspensión de la guerra comercial con China está comprometido a que ambos países incrementen de manera sustancial sus compras de productos agrícolas a los Estados Unidos.

No hay nada oculto: Trump necesita los votos de los estados de producción agrícola ubicados en el medio oeste de los Estados Unidos, para su reelección. Si obliga a los chinos y a los mexicanos a comprar más granos, carne y frutos a Norteamérica, Trump se va a reelegir.

Trump lo sabe.