Por Carlos Chavarría.

Una necesaria nota introductoria: todas las figuras financieras que se muestran en estas reflexiones fueron extraídas del portal de internet de la empresa PEMEX que está dirigido a sus inversionistas y están en pesos corrientes.

El presidente López Obrador ha dicho que la economía no está entre sus principales preocupaciones y tendría razón si “sus datos”, los que le dan, le aseguran que no tiene amenazas económicas en frente, pero no es así, “los datos oficiales del gobierno” dicen otra cosa, en especial los de PEMEX.

Siempre me ha sorprendido cómo es que cada nuevo presidente se traga, así de crudo, el mugrero que le dejan los que le preceden, más en el caso de la mayor empresa del estado mexicano, PEMEX, que, de acuerdo con sus números, está quebrada, a saber, desde hace, 30 años, porque la quebramos todos.

Así para empezar, al 31 de diciembre del 2018, PEMEX tiene activos por 2.08 billones de pesos (bdp) y pasivos por 3.5 bdp, de los cuales 1.1 bdp se adeudan a los planes de prestaciones de sus trabajadores y el resto a deudas de largo plazo.

En cuanto a resultados, a esta nueva administración le dejaron una enorme trampa de muchas. Si se consideran los resultados del último trimestre de 2018 y el primero de 2019 se tiene que la utilidad neta fue de 106 miles de millones de pesos (mmp) y perdida de 35 mmp respectivamente para esos periodos. Por cierto, que los gastos de administración aumentaron un 10% durante el primer trimestre de 2019 contra el último de 2018, para ubicarse en 42 mmdp, extraño porque debieron haber bajado.

Pero todo se explica por una tramposa ganancia monetaria lograda en el periodo de 2018 por 120 mmp contra 30 mmp del 2019 y una caída de las ventas domésticas de 40 mmp. De acuerdo con las notas de los auditores en el último trimestre de 2018 se aportaron 223 mmp a los fondos de pensiones de los trabajadores de PEMEX.

Ahora veamos algunos de los años típicos de las administraciones anteriores sin considerar la del Zedillo porque a esta administración le toco apagar los fuegos del “error de diciembre” con un enorme aumento del IVA y no uso los excedentes de PEMEX porque no podía debido a los acuerdos con Clinton para asegurar el pago de aquel crédito emergente de 50 mil millones de dólares para cubrir el déficit de cuenta corriente que le dejo Salinas.

A Calderón le toco la época de precios más altos del petróleo que oscilaron entre 75 y 100 dólares por barril, aunque también fue durante su administración cuando se desato la crisis de las hipotecas subprime que hundió al mundo en la recesión.

Para salir del atolladero uso a PEMEX para su plan contra cíclico y a la par que los ingresos de la paraestatal crecieron al doble desde 0.83 bdp con Fox, para ubicarse en 1.6 bdp y los impuestos aplicados a PEMEX también se elevaron un 100% hasta llegar a 0.898 bdp. También eliminó los subsidios a los combustibles aumentando sus precios también al doble a partir del 2007.

Los costos totales de operación a pesos corrientes pasaron desde 342 mmdp con Fox hasta un presupuesto de 1.044 bdp para el 2019 y al cierre de 2018 fueron 1.0 bdp. Ahora el precio promedio de la mezcla mexicana será de 40 dólares por barril.

La estrategia presentada por AMLO es invertir en nuevas refinerías para substituir importaciones de gasolina, pero eso no resultara en excedentes para PEMEX porque los precios domésticos ya no están subsidiados y de cualquier manera se tendría que comprar crudo ligero en el extranjero porque nuestro país no produce lo suficiente para fabricar gasolinas.

AL mismo tiempo la administración espera poder obtener de PEMEX un monto de 360 mmdp para inyectarle 150 mmdp a los proyectos de inversión y pago de deudas de la empresa, pero esos proyectos no producirán resultados sino hasta pasados 3 años para una empresa que seguirá siendo deficitaria debido a sus problemas de organización estructurales, uno de los cuales, y el más oneroso es el aumento de pasivos contingentes por cuestiones laborales y déficits de mantenimiento.

Por supuesto que el plan para PEMEX no convencerá a los acreedores e inversionistas y la deuda de PEMEX tendrá que asumirla el gobierno central, quien a su vez es deficitario.

La única manera de sanear a PEMEX es inyectarle dinero fresco, capital, no deudas,  pero nadie lo pensara siquiera sin cambios profundos en su cultura de trabajo (Enlace aquí) que induce el doble de costos por cada barril extraído y/o procesado que sus comparables en el mundo.

Si al presidente no le preocupa la economía con estos datos debería estar más que dedicado a buscar la manera de convencer al país de que se requiere aplicar a los combustibles un cargo adicional para sacar a la empresa en cuestión del colapso en el que está sumida.

¿No se habrá cansado Urzúa de tanta maniobra? Es pregunta, conste.

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