Por Francisco Tijerina.

He sido cliente del Tino’s desde hace casi 60 años. De recién nacido tuve un pequeño libro en el que pegaron un mechón de mis cabellos al nacer y era toda mi historia. Ahí decía que la primer salida “oficial” de casa fue al Tino’s y al rancho que tenían los abuelos paternos en Santiago.

Lo recuerdo de madera pintada de color verde “coca-cola”, con sus mesas y el hueco por el que podías ver la cocina. Por años lo visitamos con mucha frecuencia, hasta que…

La modernidad fue acabando no con el típico sitio, sino con la sazón y el sabor.

La expansión fue un punto negro más a su historia, porque lejos de funcionar como una franquicia, cada nuevo sitio era totalmente distinto.

Así, probé el que tenían en Plaza La Silla y después el de Contry La Silla y de ambos terminé absolutamente decepcionado. No me quedaron ganas de ir a visitar el de Cumbres.

Es, lo digo de verdad, realmente triste el que una historia de éxito que perduró por tantos años se esté tirando a la basura por culpa de quienes en su loco afán de crecer no se dan cuenta de que pierden la esencia que les permitió llegar y sostenerse en ese punto.

Hoy, al leer lo que les sucedió a mis compadres Nena y Obed, me reafirmo en nunca jamás volver.

ftijerin@rtvnews.com

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