Por Félix Cortés Camarillo.

En la larga saga cinematográfica basada en las novelas del agente 007 probablemente la más celebrada haya sido la de Spectrum, que se ubica y se filmó en el centro de la Ciudad de México y popularizó los ritos macabros que tenemos los mexicanos en medida similar a lo que pasó con la excelente cinta de animación titulada Coco. Podría decirse que el renacimiento del cine mexicano reside en prestar locaciones e historias a Hollywood.

La información que hasta ahora conocemos de lo sucedido en el centro comercial Arz, de triste memoria por allá por el Pedregal de la ciudad capital, merecería la leyenda previa a su proyección que afirma “todo parecido con personajes y hechos reales es mera coincidencia”. El asunto es estrambótico, aún y para un país que tiene 87 asesinatos al día, todos los días.

Un par de hombres armados entra al centro comercial y hace disparos al aire. Se piensa en primer instancia que es un asalto a una relojería que vende Rolex, pero los truhanes abandonan el lugar balaceando una patrulla de la policía que huía. Simultáneamente, un hombre y una mujer entra a un restaurante chino de altos precios y ejecuta dos hombres que estaban comiendo ahí.

En su huida, la mujer de referencia se despoja de una peluca rubia que llevaba y de la blusa que vestía. La policía le detiene y ella en sus declaraciones iniciales afirma que mató a uno de los individuos por una supuesta infidelidad y que había comprado la pistola asesina por siete mil pesos.

Nada de eso es cierto, ni lo que sigue. Resulta que la señora Esperanza “N” por ese estúpido concepto de ocultar los apellidos y los rostros de los peores delincuentes en algo que llaman nuevo sistema penal acusatorio, acepta haber cobrado cinco mil pesos por la ejecución. Hasta ahí todo estaba bien. Es un decir.

Resulta que los muertos son ciudadanos de Israel, lo cual no es malo. Resulta que son delincuentes reconocidos y rebuscados en su país como asesinos y narcotraficantes. Resulta que ambos tienen en su poder tarjetas de extranjeros residentes que ni Obama, con permiso para trabajar. Resulta que menos de una semana antes otro paisano suyo fue detenido en Cancún y enviado al día siguiente a Israel, que lo considera el narcotraficante más buscado del mundo. Resulta que México e Israel no tienen tratado de extradición de delincuentes.

Todo es muy raro.

Lo único indudable es que México se ha convertido en país puente del delito y, por qué no, del terrorismo. Estamos muy cerca de los Estados Unidos y compartimos con ellos una frontera porosa y un sistema de control migratoria totalmente fallido. No hace mucho, pero ya se nos olvidó, que dos militantes de Al Quaeda entraron por Centroamérica a nuestro país para llegar con el gabacho, mientras Trump se preocupa por las madres que quieren llegar con sus hijos al sueño americano.

felixcortescama@gmail.com

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