Por Félix Cortés Camarillo.

Fue demasiado prolongada e intensa la campaña presidencial de que la economía, el crecimiento económico de México, iba requetebién, que el peso era una moneda prácticamente invencible, y que todas las observaciones críticas a la desaceleración de la economía de nuestro país eran solamente llanto de plañideras nostálgicas del neoliberalismo.

Don Arturo Herrera, bateador emergente en la Secretaría de Hacienda, tuvo que salir el lunes a anunciar una inyección de capital por casi quinientos mil millones de pesos para desperezar la mecánica del desarrollo, que no puede echase andar sin inversiones de infraestructura que generan empleo, ésta consumo, y todo, movimiento a las finanzas.

En la primera entrevista que el presidente López concede a un medio en exclusiva –a la agencia de información económica Bloomberg– tuvo que admitir que las altas tasas de interés que fija el Banco de México para nuestra banca, pero que sería conveniente reducir esas tasas para impulsar la economía.

En esa afirmación reside todo el sustento de la evaluación que hace el presidente López de la política económica de México. Es cierto que la devaluación de nuestra moneda no ha producido cataclismos estrambóticos, pero eso se debe más a la debilidad del dólar en los mercados mundiales que a lo robusto del superpeso.

Vamos a ver: la tasa de referencia que en México tiene la banca desde hace una década es del 8.25%. Las modificaciones son por lo general de un cuarto de punto, siempre al alza, siguiendo la política monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos. En los Estados Unidos la tasa de referencia es entre 2 y 2.5 puntos porcentuales; Brasil y Rusia la tienen en 6.5%. Japón en 1 al millar.

No se necesita ser un genio para las finanzas para adivinar la mecánica de pensamiento de los dueños del capital. Los bancos de los Estados Unidos, en bonos a largo plazo, difícilmente pagarán un interés del 2.5%; ergo, es más conveniente meter los millones de dólares a los bancos de Rusia o Brasil. O a los mexicanos. De esta manera el peso sigue siendo firme y las inversiones extranjeras crecen o se mantienen.

El chiste aquí es que esos capitales de inversión extranjera son engañosos: no están metidos en empresas que produzcan bienes o servicios: son dinero de papel. En el momento en que México decida bajar la tasa de interés que paga, los capitales bien llamados golondrinos se irán con su música a otra parte, mediante la operación de un par de teclas en las computadoras. Y entonces sí te quiero ver, superpeso y economía que va requetebién.

Los 485 mil millones de pesos que se inyectarán a la economía no son la cura para el estancamiento, pero algo es algo. 50 mil millones de esos pesos irán a proyectos carreteros o telecomunicaciones. Se adelantarán 116 mil millones a licitaciones para el año que viene y el grueso de 321 millones serán créditos, que finalmente darán un impulso hacia finales de este año a la industria de la construcción que es fundamental en toda economía. El asunto es si el respiro no llega demasiado tarde.

Muy pronto lo veremos

PILÓN.- Ya enseñó la oreja la ley mordaza de Tabasco. Pese a todas las negativas de que se pretende coartar la libertad de expresión y de protesta, que tanto y tan efectivamente ejerció el López Obrador de la oposición, la líder de Morena, Yeidickol Polevnsky aclaró que el propósito de esa ley represiva es impedir que haya manifestaciones u obstáculos a las obras de la refinería de Dos Bocas, allá en Paraíso, Tabasco.

¿Así o más claro?

felixcortescama@gmail.com

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