Por Félix Cortés Camarillo.

Heal The World,

Make A Better Place

For You And For Me

And The Entire Human Race

Michael Jackson, Heal The World.

Contrario a lo comúnmente aceptado, un estado laico no es uno que persiga a nadie por sus creencias o prácticas religiosas. El laicismo reside precisamente en el respeto a que cada quien haga con su alma y sus inclinaciones y creencias lo que le dé su regalada gana. No debe por ello asustarnos las menciones cada vez más frecuentes –y muchas veces equivocadas– de textos bíblicos o convicciones del cristianismo, a las que acude el presidente López en su perorata matutina que se ha convertido en cotidiana. Los principios del cristianismo son en sí mismos cuestionables; después de todo, no es el mismo Cristo el que pone la otra mejilla para recibir segunda bofetada que el que expulsa a latigazos a los mercaderes del Templo de Salomón. Pero, aun así, los valores cristianos son, frente a los del Pentateuco del ojo por ojo diente por diente y el sacrificio de Isaac, mucho más aceptables.

La pregunta es si una concepción del mundo basada en códigos estrictamente eclesiásticos puede coexistir en el basamento de una sociedad moderna y democrática como se supone es la nuestra. López Obrador parece estar convencido de que así es.

Yo no he recibido mi copia, pero se supone que la distribución de la edición de la Cartilla Moral de Alfonso Reyes (modificada por José Luis Martínez) está en progreso, para, dice el presidente López en la Presentación: “compartir con la familia estos pensamientos y a dialogar acerca de la moral, la ética y los valores”, porque “no sólo de pan vive el hombre”. Por cierto, el presidente López mencionó por ahí que la distribución del texto está en manos de grupos evangélicos que antes llamábamos protestantes. Lo cual no deja de tener un mensaje oculto.

En el prólogo de la Cartilla original de 1944, el regiomontano se equivoca cuando dice que el cristianismo es la base de toda sociedad civilizada; pase. Pero habla de los respetos que debemos guardar y que son “mandamientos” inviolables. En forma resumida, la cartilla lopezobradorista conserva esos respetos que vistos a la ligera son indiscutibles: respeto a nuestra persona en cuerpo y alma, respeto a la familia, a la sociedad, a la Patria, a la especie humana y a la Naturaleza. No hay quien esté en contra de ellos.

El asunto es si la sociedad contemporánea puede ser gobernada por un discurso estrictamente moral. Los mexicanos tenemos muy presente la frase de Gonzalo N. Santos de que moral es un árbol que da moras y si no da, se lo lleva la chingada.

El discurso político de López Obrador tiene una estructura moral. Los mexicanos debemos buscar el bien de los demás; los huachicoleros deben considerar sus actos delictivos a la luz de imaginar el pesar de sus madres cuando ellos sean agarrados en la maroma. Los periodistas nos dividimos entre los que se portan bien y los que nos portamos mal. Todos debemos proteger al migrante porque lo dice la Biblia, y no porque hay preceptos que dictaminan que no debemos abusar de ellos. En los acontecimientos sangrientos más recientes, insistiendo en su política exterior cristiana, el presidente llegó a ofrecer asesoría del gobierno mexicano a Donald Trump y su gobierno para que copie nuestro modelo de requisitos para la venta libre de armas. A los partidos políticos el presidente les sugiere que renuncien al cincuenta por ciento de los dineros que reciben del gobierno, para demostrar su consciencia de la necesaria austeridad republicana, como si no supiéramos que no hay nadie que llore cuando le dan pan.

Dicho así, suena ingenuo. Lo es.

Todas las naciones han entendido que la conducta social necesita establecer, respetar y ejercer un sistema punitivo, que llamamos leyes, para evitar que el equilibrio de los respetos por los que abogan Reyes y López Obrador no se rompa. Toda violación a las leyes de la convivencia debe ser castigada; no como venganza de la sociedad hacia el infractor, sino como medida preventiva a que el ejemplo se viralice.

Ni los mexicanos, ni los suecos, ni los zulúes ni los gringos, nacimos para portarnos bien.

Necesitamos que se nos obligue. Para eso hay leyes que se deben implementar.

felixcortescama@gmail.com

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