Por Carlos Chavarría.

“El pensamiento crítico es el examen y prueba de proposiciones de toda clase, las cuales se ofrecen para su aceptación, con el propósito de averiguar si corresponden a la realidad o no. Esta facultad crítica es producto de la educación, es un hábito y poder mental. Es nuestra única garantía contra la delusión, la decepción, las supersticiones, y de la confusión de nuestro ser y estar en relación con las circunstancias imperantes”. (William Graham Sumner, 1906).

Por los últimos 2,500 años el pensamiento crítico ha sido la habilidad que permitió, entre muchas, que saliéramos de la barbarie y el salvajismo, y con el esfuerzo grandes pensadores se formularan los modelos y aparatos de todo tipo para sobrevivir y desarrollarnos como especie y genie social.

Para que el pensamiento crítico se convirtiera en algo funcional fue indispensable que los líderes sociales, políticos, científicos, etc., lo adoptaran como práctica cotidiana y sin dejarse vencer por la resistencia al cambio tan inherente al ser humano, no cejarán hasta ver al cambio trascender por generaciones.

Ahora, en pleno Siglo XXI, en casi todos los ámbitos sociales hemos regresado al oscurantismo maniqueo enfatizando la tecnificación del individuo en lugar de la superación social, mientras los líderes se mueven en hipérboles absurdas para esconder su total ausencia de pensamiento crítico.

Son muchos y variados los casos donde el abandono del pensamiento crítico es el sino de estos tiempos. Por ejemplo, los EEUU, el país que desapareció el patrón oro en los 70´s del Siglo XX y que inventó la manipulación monetarista, se enfrenta a la gran mentira comunista china, también producto del capital e iniciativas norteamericanas de la época de Nixon, y que debe su frágil fortaleza a sus abultadas reservas de la moneda emitida por la economía más endeudada del orbe.

Los países del llamado Grupo de los 8, cuyo pasado y futuro dependen de la migración ante sus muy bajas tendencias de la maternidad, en lugar de construir los puentes para la movilidad de la mano de obra se aferran a modelos de contención casi barbáricos.

A pesar de que la naturaleza está dando muestras muy ostensibles de su agotamiento y, asíntotas, casi todos los países continúan con métodos de operación energéticos, hidrológicos, de manejo de desechos y de producción de alimentos que atentan contra la supervivencia del hábitat entero.

En medio de todos los problemas que los aquejan, los países más débiles, por desgracia la mayoría, entre ellos México y toda América Latina, viven una regresión política que acrecienta el lastre, producto de su pasado colonial, tratando de revivir formulas político económicas cuyo único resultado será la perpetuidad de sus dependencias y aplastantes carencias.

Para agravar más el estado de cosas, todos los países del mundo, ricos y pobres viven por simple inercia inductiva en una crisis educativa mayúscula que se resume en el abandono del pensamiento crítico y las habilidades para hacer, a cambio de lograr en los educandos una razonable conformidad y aceptación de todo lo que la circunstancia imponga para continuar en un derrotero sin rumbo.