Por Eloy Garza González.

Hoy, hace justo cuatro años, estuve en Argentina. Casualmente me tocó un mitin peronista en Rosario, en el Monumento Nacional a la Bandera. Calor intenso que humedecía las camisas y brisa cálida del rio Paraná que arrullaba el fervor general.

Fui testigo del fanatismo popular en torno a Cristina Fernández de Kirchner, “La Jefa”: curiosa seducción y magnetismo inexplicable. Entonces el peronismo estaba de capa caída. Cristina a punto de ser detenida por malversación de fondos. La imagen de la ex mandataria populista sabía a decadencia. Pues se equivocaron todos los pronósticos.

Hoy, como candidata a vicepresidenta, al lado del grisáceo Alberto Fernández, candidato presidencial manejado por ella, Cristina está a un paso de volver al poder. Esta mujer es capaz de aliarse con el mismo diablo con tal de cumplir sus metas. Y lo está logrando.

También le ayuda a “La Jefa” la crisis económica que viven los argentinos. El tiro de gracia para un gobernante es que las finanzas nacionales no respondan: ahí labra su epitafio.

Y este es un aviso para AMLO: cuidado con la caprichosa economía. Jala para donde ella quiere. Por más discursos de modernidad, austeridad o tres o cuatro transformaciones nacionales, de cernirse los nubarrones de una recesión, se pierde legitimidad. Si no hay crecimiento, no hay forma de ganar elecciones. Menos, de proteger reputaciones.

Leo que ayer, a tambor batiente, la peronista Cristina Fernández cerró su campaña electoral en Rosario, Argentina, en el mismo lugar donde estuve yo hace años. Vueltas que da la vida. Extraño comportamiento de los pueblos, sea argentino o mexicano.

@eloygarza

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