Por Félix Cortés Camarillo.

El gobierno de los Estados Unidos está considerando la intención de su presidente Trump, de “descalificar” a México para incluirlo en la lista de los países que son productores o puntos de tránsito de las drogas que tienen asolada a la juventud –y a la menos joven capa de adultos menores– de esa Norteamérica decadente.

La práctica no es nueva. No está muy claro cuáles son las consecuencias para los mexicanos si nos ponen en la misma lista que Afganistán o Bolivia como productores grandes de goma de amapola para hacer opio u hojas de coca para extraer cocaína pulverizada. Igualmente, tampoco sabemos qué nos ocasiona el vecindario de países como Jamaica, Colombia o Venezuela como sitios trampolines para los abastecedores de estos estupefacientes al menudeo. Pero en su papel de gran gurú de la legalidad y la democracia, el gobierno norteamericano suele calificar o descalificar a los países que le da la gana. Se mete con nuestro cucu…

Con cierta frecuencia, y con todo derecho, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, que es el ministerio del exterior de ese país, emite recomendaciones a sus ciudadanos para que, al elegir los sitios de su destino turístico, eviten visitar tal o cual país; particularmente por las condiciones de inseguridad que ahí se dan. En algunos casos, como en el de México, dichas directrices del Departamento de Estado llegan al detalle de algunos estados o incluso ciertas ciudades a donde los gringos no debieran ni asomarse, porque irán ahí a su propio riesgo. Suelen incluir en esa lista de estados o ciudades evitables, los sitios donde a los mexicanos más nos duele por el impacto económico en el turismo o el comercio: Acapulco y Guerrero, la Ciudad de México, Veracruz entero, Chihuahua y El Paso, Tamaulipas completita.

A la vista de los hechos violentos más recientes, pero que se dan un mes sí y otro también, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México debiera emitir a correspondencia una recomendación a todos los mexicanos para que evitemos visitar los Estados Unidos en su totalidad; tal vez, específicamente, Nueva York, Texas, Ohio, Alabama o muchas otras sedes del movimiento supremacista blanco y xenófobo. Para meternos con su cucu.

Pero si me despierto con 19 asesinados en la bellísima Uruapan, nueve de ellos colgados en puentes de su arteria vehicular principal, diez cadáveres en Veracruz, maniatados, torturados, amarrados con cinta canela, metidos en bolsas de basura y tirados a la vera del camino, yo pregunto ¿con qué cara vamos a leerles la cartilla moral a los vecinos del norte?

Con la misma desvergüenza con la que el señor Pompeo pueda recomendar a sus paisanos que no vengan a Monterrey.

Muy poca vergüenza.

felixcortescama@gmail.com

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