Por Eloy Garza González.

Vivo en San Pedro, Nuevo León. Ciertas madrugadas, entre las tres y las cuatro horas, por motivos de trabajo, circulo del poniente de Monterrey a mi casa en aquella ciudad. Desciendo las pronunciadas colinas de San Jerónimo en medio de la noche solitaria. Al final de la pendiente, se extiende el puente Atirantado. En el acotamiento suelen estacionarse vehículos con las intermitentes puestas. Sobre los pretiles algunas parejas de desvelados se besan, se fajan, contemplan el lecho del Río Santa Catarina.

Otros muchachos y muchachas, más audaces, más imprudente, más borrachos, suben a los pretiles para balancearse a un paso del precipicio. No lo hacen por nada: lo hacen para tomarse una selfie. Este pasatiempo, que se sobrepone al vértigo de las alturas, tiene un nombre: rooftopping.

El pasado viernes, en la madrugada, fue el colmo. Una adolescente se intentaba equilibrar en el pretil del Atirantado, descalza, visiblemente drogada. Como a mí me ha tocado la desgracia de tener a un familiar accidentado por una terrible caída, estacioné mi carro, me bajé y como si fuera el papá de la muchacha, la regañé, por supuesto, ya después de que la imprudente se tomase sus selfies, para no poner aún más en riesgo su vida.

El novio o el amigo, no lo sé, se me fue encima. Estuvo a punto de golpearme. “¿Qué te importa, pendejo?”, me decía, mientras la jovencita grababa el pleito, seguramente para denunciarme en Instagram o Facebook como su acosador nocturno. ¡Qué se yo!

Alexa Terrazas, de Chihuahua, se cayó ayer del octavo piso, en un edificio de Las Privanzas, en San Pedro, cerca de mi casa. Alexa practicaba el rooftopping. Dejó grabando su iPhone, para editar una instastory con posiciones de yoga extremo, colgada de un balcón. Una especie de challenge para Instagram. Nada nuevo. Lo hacen en las principales ciudades del mundo. La mayoría sale ilesa. Cumplen con su meta de tomarse una selfie y ganar miles de likes. Y sobre todo: muchos seguidores.

La más popular de los rooftopper, practicante de yoga extremo, es rusa y se llama Ángela Nikolau, con más de 625 mil followers en Instagram. Envidiable. Pocos influencers como ella. Tiene la misma edad que Alexa. Ambas son guapas, carismáticas, audaces y no le temen a nada, más que al anonimato.

Alexa sobrevivió a su caída. Tiene 110 huesos fracturados. Al cuerpo humano lo forman 206 huesos. La mitad de los suyos se los quebró Alexa. Pero ya es famosa. Ya está su nombre como trending topic en Twitter. Ya alcanzó la frase motivacional de Tony Montana en Scarface: “The world is yours”.

@eloygarza

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