Por Félix Cortés Camarillo.

Por el mundo ha circulado profusamente la imagen, pero sobre todo el discurso, de la adolescente sueca, Greta Thurnberg, en la reunión convocada por Naciones Unidas llamada Week of Future, coincidente con la Cumbe del Clima. Greta se ha convertido en el personaje de la semana por la limpieza de su juventud y lo crudo de su acusación: ustedes se han robado mis sueños y ni infancia con sus palabras vacías. ¿Ahora vienen a mí en busca de esperanza? Cómo se atreven, dijo una y otra vez.

En la mayor parte de los medios impresos, sin embargo, lo destacado fue el rostro nada amigable de la niña y la mirada que le dirige a un presidente de los Estados a quien el asunto del calentamiento global y el cambio climático le interesó un pito. Concretamente quince minutos que fue lo que duró su presencia en el salón de sesiones.

Debemos entender uno y otro mensaje. El asunto más importante que la Humanidad tiene enfrente no le importa a nadie. Ni siquiera al dirigente del país más grande, fuerte y contaminante del mundo. Los otros dos países culpables por el deterioro de nuestro clima, China e India, tampoco mandaron a su más alto exponente del poder. Sólo Trump estuvo ahí, con su desprecio fanfarrón al mundo entero. Mandándoles el mensaje de “me valen madre”.

Porque no hemos entendido que estamos en el nuevo mundo de la comunicación: la efímera. Hoy ya nadie recuerda una frase del discurso de Greta. Si acaso se acuerdan de los puñales en la mirada hacia Trump. Pero eso también durará poco. Dentro de tres días estará en el baúl de los recuerdos, con las otras muñecas feas de todo el mundo que exigen a los adultos mentirosos y tramposos, que les regresemos su sueño y sus infancias, como si todavía hubiese tiempo.

No hay tiempo ni para formular una postura de 280 caracteres, que aparentemente son los únicos que importan y que cuentan y que llegan a algún lado. Mientras nos olvidamos de discursos y peligros, el ártico se sigue derritiendo

felixcortescama@gmail.com

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