Por Francisco Tijerina.

“Creía que un drama era cuando llora el actor,

pero la verdad es que lo es cuando llora el público”

Frank Capra.

La lesión que sufrió el futbolista Giovani de Santos tras una entrada, fuerte eso sí, del defensa de Chivas Antonio Briseño, casi se convierte en drama nacional.

Muchos medios en México se ocuparon del tema, sobre todo los deportivos, haciendo un escándalo de los mil demonios por un simple tajo en el muslo.

¿Doloroso? Sí. ¿Aparatoso? También. Pero párenle de contar.

Si no fuera porque se trata de futbolistas profesionales, del América y las Chivas, no se habría hecho tanta alharaca.

Se ven cortadas más grandes en el box, he sido testigo de fracturas expuestas en el futbol americano y el rodeo y no se diga el montón de cornadas en distintas partes del cuerpo que me ha tocado presenciar en los toros.

En estos últimos, con las carnes abiertas, hilos de sangre corriendo por las piernas, he visto cómo un hombre permanece en el ruedo hasta culminar su faena y después, por su propio pie, camina a la enfermería para ser atendido, sin llantos, sin aspavientos.

Y si al americanista le dieron 45 días de reposo para reponerse, me ha tocado presenciar como toreros con heridas de dos o más trayectorias de varios centímetros y aún con los puntos de sutura puestos, han vuelto al ruedo para torear.

El futbol es un deporte de contacto y eso no hay que perderlo de vista. Nadie quiere que ningún jugador sufra lesiones, el deporte no está hecho para eso, pero tampoco hay que montar un drama nacional por un accidente (porque la entrada de Briseño no fue intencional), ni casi hacerle homenajes a un chamaquito.

De chavos y en el futbol llanero le hubieran puesto Merthyolate en la herida y lo habrían devuelto a la cancha… a ver si con eso no lloraba de verdad.

ftijerin@rtvnews.com

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