Por Félix Cortés Camarillo.

Perdón, no la quisiera lastimar

tal vez lo que me cuenta sea verdad.

Lamento contrariarla, pero yo

no la recuerdo.

Amnesia, Chico Novarro/Dino Ramos.

De entrada, quiero decir rotundamente que conocí sólo superficialmente a José José. Hace años mi mujer y yo comimos en Los Ángeles con el famoso cantante y su entonces esposa Anel en la casa de mi hermano Fernando Alcalá a Isabel. Hago la afirmación porque con la muerte de este pobre muchacho de la rica voz le han nacido, como hongos después de la lluvia, íntimos amigos que compartieron sus inicios, carrera, éxitos, sueños, decepciones, borracheras y amaneceres. Con absoluta sinceridad, me hubiera encantado agarrar una peda con él que culminara en un concierto íntimo, pero no se dio.

Se confirma una vez más que es necesario morirse para que todo mundo descubra nuestras virtudes más excelsas y suprima nuestros defectos más notables. Espero hacia mí esa generosidad cuando llegue el momento.

No estoy exento del vicio de la amnesia, característica humana que es selectiva. Yo también, como en la canción Amnesia, de Chico Novarro, un músico judío-argentino de ascendencia ucraniana y rumana que en septiembre cumplió 85 años, revivo solamente lo que me trae gratos recuerdos y suprimo aquello que fue infame.

Aquí abro un paréntesis para anotar que me parece totalmente incomprensible que Televisa y sus estaciones, en donde José José hizo la mayor parte de su carrera como cantante, hayan desdeñado con una miopía increíble, aunque haya sido intencional, la muerte de José, dejando pasar una oportunidad noticiosa que se magnificó con el sainete de la disputa por los restos del cantante entre su viuda y un par de sus hijos. Televisión Azteca vio la oportunidad y se colgó de ella con efectivas largas coberturas y bien hechos programas especiales que deben haber tenido altos índices de audiencia. Esos son los males de la memoria que García Márquez atribuye a los suicidas. Por algo será.

Es difícil de creer que la disputa por quién se queda con las cenizas del muertito tenga motivos monetarios. La Sociedad de Autores y Compositores de México es, hasta donde me consta, fiel defensora y celosa vigilante del cumplimiento de los derechos autorales para sus miembros. La ANDI, Asociación Nacional de Intérpretes, defiende las regalías de los intérpretes, que suelen ser muy pocas. José no compuso una sola de las canciones que hizo famosas con su voz magnífica y murió con pocos recursos en Miami; no hay herencia cuantiosa que repartir y todo parece apuntar, en esta rencilla familiar, a un juego de vanidades y egoísmos que pronto abordará la nave del olvido.

El próximo lunes ya nada de esto será noticia. Y la vida va, como dice Guillermo Ochoa. El muerto al pozo y el vivo al negocio, como diría mi abuela. Nosotros seguiremos esperando al próximo muerto famoso para recordar lo bueno que era y lo bien que la pasamos juntos.

Para José Rómulo Sosa Ortiz, ya lo pasado, pasado.

felixcortescama@gmail.com

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