Por Félix Cortés Camarillo.

Temor de ser feliz a tu lado

miedo de acostumbrarme a tu querer…

Gonzalo Curiel, Temor.

El gobierno de la Cuarta Simulación acaba de enviar un mensaje firme y convencido, del tono que va a tener el resto del sexenio su compromiso con la paz social, la estabilidad política y el contento ciudadano, como si no tuviésemos ya bastantes indicios: no a cualquier confrontación, sí a todas las violaciones de leyes y principios.

Ya veníamos arrastrando la sumisión directa del presidente López a los dictados del señor Trump, que convirtió a las policías mexicanas en la Border Patrol de los Estados Unidos en las dos fronteras: conteniendo el ingreso de los migrantes en el Suchiate y manteniendo en aislamiento a los aspirantes al sueño americano, lo que ha motivado a los africanos ahí confinados a manifestaciones casi violentas que pueden ponerse peor. En la frontera norte la cosa no es mejor: por disposición del gobierno de los Estados Unidos somos custodios de los aspirantes a juicio de asilo para ser admitidos por el gobierno gabacho.

Luego vino la peor afrenta: el dócil, pero eso sí, muy honorable Congreso de la Unión, con sus sedes sitiadas y amenazadas si se atrevían a modificar una coma, aprobó la contra reforma lopezobradorista que regresó a la coordinadora del magisterio la facultad de administrar las plazas de maestros en el sistema educativo mexicano. Paralelamente, haciendo guangos todos los requisitos para ser maestro y para ser alumno. Sin calificaciones, sin exámenes, sin requisitos. Un homenaje que no es a la justa medianía juarista que tanto se invoca, sino a la mediocridad en ambos lados del proceso educativo, los educadores y los educandos. El peor daño que se ha hecho al futuro de México.

Hace un par de días vino la paralización de la Ciudad de México. Dice la gobernadora de la ciudad capital, doña Claudia Scheinbaum, que fueron solamente 500 taxis, un mínimo porcentaje del número de licencias de taxi que existen en su feudo. Será el sereno, pero los taxistas lograron paralizar a una de las mayores ciudades del mundo y no hubo autoridad que pusiera un poco de orden y ayudara a la ciudadanía inmovilizada.

Pero luego vino la joya de la corona. Los alumnos de la escuela normal rural de Tenería, Estado de México –sí, una escuela normal rural como la de Ayotzinapa– que indigna con su nombre el de Lázaro Cárdenas del Río que porta, secuestraron 92 autobuses, me parece que mayormente de la Flecha Roja, con todo y choferes, y se los llevaron a su escuela y los mantuvieron diez días en custodia. Según los secuestradores, los operadores fueron bien atendidos, alimentados y cuidados por sus custodios. Me imagino que tenían habitación individual con baño de agua caliente y tres alimentos al día, a la carta. Peluquería inclusive y servicio de Netflix.

Eso no es todo: a bordo de nueve de los autobuses secuestrados, algunos dirigentes hicieron el desfile hacia la secretaría de Gobernación. Fueron recibidos ahí por el subsecretario de Gobierno, Ricardo Peralta, acompañado de funcionarios de la secretaría de Educación y del gobierno de la CDMX. La charla fue breve. A cambio de que los choferes y sus unidades fueran liberados, los normalistas obtuvieron 84 plazas de planta de maestro para sus egresados, la inmunidad para los secuestradores y la paz. Firmadito y todo.

Hasta el momento en que esto escribo –antes de la llegada de José José a Bellas Artes– los autobuses y sus choferes no habían sido liberados.

Todo lo define don Ricardo Peralta, subsecretario de Gobernación: “Se privilegia el diálogo y se llega a muchos acuerdos…” Yo a eso le llamo temor. Como dice Gonzalo Curiel, temor de enamorado.

Y eso lo explica todo. No confrontación con Donald Trump y sus tropelías, no marcar un alto a los maestros que bloquean edificios públicos y frustran funciones del Estado, no a ejercer la ley frente los taxistas que se apoderan de la ciudad, no perseguir a los secuestradores de camiones (así comenzó la tragedia de Ayotzinapa) con todo y conductores, sino ceder ante todos, ante todas las exigencias. El síndrome de Estocolmo: se enamora uno de sus captores.

O tal vez el verdadero mensaje es claro: en esta Cuarta Simulación, si algo se quiere conseguir, hay que violar la ley para chantajear a la autoridad.

felixcortescama@gmail.com

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