Por Félix Cortés Camarillo

Nunca sabrás

quien tuvo la fuerza

quien la verdad

no, nunca sabrás

Estados Alterados, Guayaquil

Lenin Moreno –solamente papá y mamá tienen la culpa de mi nombre y no los cuestiono, como no debe hacerlo este personaje- es el presidente de Ecuador, o por lo menos anoche lo era. Lenin tuvo que mudar la sede del poder presidencial de Ecuador del montañés Quito al costeño Guayaquil, que por cierto tiene mejor clima.

Lenin, además de su nombre, tiene el antecedente de haber sido vicepresidente, en dos períodos, de su antecesor Rafael Correa, quien se ofrece hoy dócilmente, como candidato a presidente, vicepresidente, lo que le ofrezca, para sacar a su país de la crisis. Al igual que en México, más de lo mismo.

Su principal riqueza es el petróleo y por eso el “paquetazo” fiscal que subió los precios de la gasolina llevó a las violentas manifestaciones populares que condujeron casi al extremo de la renuncia a don Lenin. Ya van varios muertos.

Este oportunista cobijado por la política norteamericana, está acusando a Nicolás Maduro de ser el promotor de su caída. Ya quisiera el dictador venezolano tener la suficiente fuerza política –no militar- para mantener su propio gobierno y no para andar derribando otros. La crisis del Ecuador se arrastra desde hace años de injusticia y desequilibrio económico, ese mal endémico de América Latina. Tal vez por ello los ecuatorianos tienen cierta inclinación congénita al golpe de Estado. Pronto veremos otro. En Guayaquil o en Quito.

PILON.- La decisión de Felipe Calderón de no asistir al simposium sobre lo que haya sido por el Tecnológico de Monterrey fue inteligente. El recuerdo de dos estudiantes asesinados por militares en un cruce emblemático (Garza Sada y Luis Elizondo) no se acaba. La conclusión que nos debe quedar es que la memoria activa tiene consecuencias. Una lección que debiera aprender el presidente López que confunde diálogo con una complicidad generosa con delincuentes, así estos se dediquen a pintarrajear paredes, bloquear carreteras, secuestrar camiones con todo y choferes, paralizar la Ciudad de México en protesta con sus vehículos taxi o lo que se les ocurra. La Cuarta Simulación les dará a cambio plazas de maestro sin examen, concesiones en el transporte público, impunidad y tolerancia que huele a aplauso.

Así empezó el 1968.  

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