Por Félix Cortés Camarillo

En este país, cuando un gobernante dice que va a rendir un informe de labores, uno debe entender de que tiene algo qué presumir. En estricto sentido, un mandatario honesto confesaría lo que no pudo lograr pese a su mejor esfuerzo y lo que sí pudo llevar a buen término.

Ese fue el problema de Jaime Heliodoro: no tenía nada qué presumir. Sus flamantes publicistas, que están igual que el otro, dedujeron que lo único rescatable del ejercicio del Bronco sería el cierre del penal de Topo Chico, centro de estudios superiores del crimen. Eso, que en sí es loable si nos asomamos el hedor de las cloacas de la vieja cárcel, no es ni logro de nada ni solución de menos.

Lo único que se hizo fue endosar un cheque de violencia, crimen, corrupción y tráfico de drogas del Topo Chico a Apodaca y a centros federales de reclusión. Los criminales seguirán siendo criminales y las corruptelas seguirán incólumes.

Pero eso es el ceremonial que se llama informe. El gobernador y su entorno más cercano nos la debe, sin embargo, deben responder a las dudas sostenidas sobre el uso de fondos públicos para patrocinar un campaña presidencial que ni era independiente ni tenía posibilidades de figurar. Ahí sí hay tela de donde cortar, responsabilidades que afrontar y desvergüenzas que confesar.

Y no habrá necesidad de un informe formal para ello. Ni de juicio político ni procesos judiciales para lograrlo. Solamente hace falta que el el brujo mayor baje su dedito en un sentido u otro para que se haga Señor su voluntad.

PILON.- Hoy es Día de la Raza. En esencia, es el día del mestizaje, que no es otra cosa nuestra estirpe. Los pusilánimes gringos le llaman el Día de la Hispanidad. Los primitivos partidarios de la antropofagia social mexicana debieran acordarse de la gran ocurrencia de la Casa Presidencial y volver a exigir que España y su rey, los católicos y su jefe, que es Benvoglio, debieran pedir perdón a los mexicanos por todas las chingaderas que nos hicieron a partir de 1521 en que Tenochtitlan cayó en manos enemigas. Los que quisieran ser optimistas pensarían que finalmente una mente racional opina en el entorno presidencial, cosa que no ha pasado aún.

Ahora, si de perdones se trata, habría que decirle a los norteamerigringos que les falta mucho por aprender de sus vecinos huehuenches. Ellos se la pasan chinga y jode de que en sus elecciones hay intervención de potencias extranjeras: que si los rusos, que si los chinos, que si los ucranios, que si los persas o los turcos. Todos tienen influencia en el resultado de las elecciones gringas.

Estamos perdiendo una gran oportunidad, diría Miguel Barbosa, gobernador de Puebla, quien se voló la barda. Dice el buen señor que de bueno no tiene ni una pierna, que en Puebla a él le robaron las elecciones y que nada menos que Diosito tuvo la culpa, haciendo chanchullo para que ganara la esposa del ex Moreno Valle. No obstante, Diosito se arrepintió y castigó a los mapaches electorales tumbando el helicóptero en que viajaban. Como diría el director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo, nos la pelan. Vamos demandando ante el  Trife a Dios por interferencia en las elecciones mexicanas, y no a cualquier pendejo.

Con todo respeto.

felixcortescama@gmail.com

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