Por Félix Cortés Camarillo.

La matanza de una docena de soldados en Michoacán, y las más de diez matazones en lo que va del año por doquier en México, envían al presidente López un mensaje que los mexicanos llevamos incubando en nuestra mente rebelde demasiados meses.

Prácticamente desde que el jefe del Ejecutivo instaló como columna vertebral de su discurso la tesis de que todos los males de este mundo nuestro se deben a la corrupción e ineficiencia -que vienen siendo lo mismo- de los gobiernos anteriores al suyo, a los que tilda de neoliberales, como si fuese esto un epíteto derogatorio. Después de todo, los seguidores del Benito Juárez idolatrado, al menos en el discurso, fueron también en cierta marcada forma neoliberales.

El término neoliberal ha sido tan manoseado que actualmente quiere decir todo; es decir no quiere decir nada, como afirma Escalante Montalvo. Fernando Escalante Montalvo -vale la pena leerlo- afirma que el mismo Juárez fue neoliberal.

Ahora, cualquier memoria medianamente enterada tiene en sus archivos recientes el conocimiento de por lo menos una docena de hechos en el país en donde más de diez personas perdieron la vida de manera violenta. A balazos, vamos. Atribuirles esos muertitos que vamos a recordar en unos días a las decisiones de Felipe Calderón -que habría que revisar- o de Vicente Fox, resulta banal.

Lo que pasó, ya pasó.

De los aparatos del poder que nos han gobernado, encabezados por hombres que van de Guadalupe Victoria a Enrique Peña, no hay uno solo impoluto ni absolutamente despreciable. Sí, Miguel Alemán propició la corrupción, López Mateos era frívolo, Díaz Ordaz radicalmente violento, Echeverría absurdamente populista y Zedillo un inepto que sólo supo vender bien lo que quedaba de bienes de la nación, los ferrocarriles.

Sin embargo, Alemán metió a México a la modernidad económica, Don Adolfo inventó una ciudad que hace rato que nos queda chica a los capitalinos, Díaz Ordaz nos puso en el mapa, no solamente con los juegos Olímpicos, sino con las inversiones extranjeras que impulsaron a México. De Zedillo sólo recuerdo una crisis económica que mis hijos seguirán pagando.

Es una práctica sana, para toda sociedad, y hasta para todo individuo, mantener viva la memoria. La democracia inventó en Grecia el concepto del senador, porque los seniles son más sabios debido a que tienen una memoria acumulada valiosa.

Pero la recuperación del pasado sólo debe llevarnos a una cabal interpretación del presente y un mejor sueño del futuro.

El presidente López está utilizando esta recuperación del pasado como un escudo para la ausencia de un plan de gobierno que no esté centrado en el culto a la personalidad de un ídolo, que combina las muy respetables limpias con yerbas- como lo son el bautismo o el bar mitzbah- con un discurso populista de tercer nivel; por lo mismo, de gran aceptación popular. Una aceptación popular fomentada desde el erario con auspicios en efectivo a campesinos, viejitos y ninis con pesos que, cuando llegan, incluyen gorgojos para usar una frase del presidente López.

Los masones, que antes de ser una secta ideológica fueron un gremio que construyó tal vez las pirámides de Egipto, saben que toda estructura mal fundamentada terminará por caer.

Si el presidente López escuchara a alguien cuerdo, que lo dudo, le debieran aconsejar que oyera las canciones de José José, de quién se confesó admirador.

Tal vez ahora le entienda.

PILÓN.- Este país nuestro, inerme, inepto, inmóvil, va aceptar con su aprendida docilidad borreguil  el resultado de la farsa que en Baja California llamaron “consulta ciudadana” para que un tal Bonilla sea gobernador de ese estado cinco años en lugar de los dos para los que había sido electo.

¿Cuánto tiempo nos hace falta para comprender el verdadero sentido de aquello de que todo pueblo tiene el gobierno que se merece?

felixcortescama@yahoo.com

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