Por Félix Cortés Camarillo.

Dice un viejo decir de los árabes, que la confianza es como una tacita de porcelana de la que bebemos el té; es posible que un día se rompa. Con paciencia, salivita y algo más, probablemente la puedas reconstruir sin que falte una pieza mínima. Podrás volver a beber té de ella. Pero ya nada será igual.

Lo mismo se hace extensivo a las principales ligas que establecemos entre los humanos. Como la amistad o como el amor. Luego de una ruptura grave se puede remendar y, con la mejor de las voluntades, restablecer, pero ya no es lo mismo.

La tan esperada conferencia de prensa mañanera del presidente López ayer fue ciertamente inédita. Según la introducción del presidente, se trataba –como en todos los tribunales de película gringa- de que el Ejecutivo nos dijera, sobre lo que pasó hace dos jueves en Culiacán, Sinaloa, la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

En el primer tercio, el director de seguridad social de la federación, el aspirante a la gubernatura de Sonora –quien tuvo el doloroso privilegio de confirmar la muerte de Luis Donaldo Colosio hace ya varios lustros– envió el primer mensaje político.

Sí, hubo un operativo fallido para capturar al hijo del Chapo Guzmán; no, no estuvo mal integrado ni peor ejecutado; se basó en eficientes investigaciones de una entidad de inteligencia militar que desconocíamos, dedicada exclusivamente al narcotráfico. Sí, la capacidad de fuego y operatividad del Estado mexicano es muy superior a la de cualquier organismo del crimen organizado. Ciertamente, el gobierno de México tenía ganada la partida, pero esa victoria pírrica hubiera causado un número incalculable de víctimas fatales.

Sí, el presidente López fue enterado de todo el asunto cuando ya estaba tan avanzado como que el joven –29 años– Ovidio Guzmán no solamente estaba bajo control de las fuerzas armadas, sino que había dado instrucciones a sus secuaces de que se replegaran para evitar más violencia. De todo ello el Secretario de la Defensa dio cuenta pormenorizada, con horarios precisos, en el segundo tercio.

En el tercero, el presidente López remató con el mensaje político: otros habrían actuado irresponsablemente causando muchas muertes; nosotros no somos iguales. Citó al presidente del PAN, sin mencionar su nombre, como el que sugirió que el Ejército se debió haber atrincherado con la captura hecha y esperar los refuerzos que debió haber pedido en su momento. La sesión de preguntas sobre el tema quedó para el día de hoy jueves.

Aquí el caso no es cuestionar la exactitud del recuento oficial.

Aquí lo importante es que ninguno de los tres funcionarios protagonistas del hecho y la relatoría confesaron que en las primeras menciones del hecho habían dicho mentiras indudables. Que si se habían topado “de casualidad” con los maleantes, que habrían abierto fuego provocando el enfrentamiento. Que si el presidente había estado informado al detalle de todo el evento… tantas otras mentirijillas que se colaron por ahí. Nunca confesaron, en un inicio, que las unidades habitacionales donde viven las familias de los soldados fueron el rehén principal para deshacer el operativo y dejar en libertad al maleante.

Si lo que dicen los árabes es cierto, ¿qué nos hace creer que la versión que ayer nos dieron sea la verdadera?

PILÓN.- La actividad teatral de México, que milagrosamente es muy intensa y viva, se encuentra en peligro de colapso. La Cuarta Simulación, en su afán de recortar donde se pueda el gasto para gastar en el subsidio de los ninis y las becas a futuros votantes, está por decidir el recorte a un impuesto adicional –doble tributación– a los productores teatrales, que hasta ahora se les condonaba. Se trata del ocho por ciento, que es acaso el margen de utilidad que una producción teatral reditúa, a como está el mundo del espectáculo. Tendremos que ir al cine a ver películas gringas.felixcortescama@yahoo.com