Por Félix Cortés Camarillo

En las áridas regiones de la América del Norte… // Chava Flores, “Dos Horas de Balazos”

El pasado domingo, mientras el presidente López celebraba jubiloso con sus  acarreados de a torta, Sabritas y refresco el primer año de que se hizo formalmente del Poder Ejecutivo y adyacentes, el poblado de Villa Unión, Coahuila, fue atacado por un convoy de pistoleros que balacearon el edificio de la Presidencia Municipal. Villa Unión es un poblado de seis mil quinientos habitantes, que en su mayoría trabajan en las plantas maquiladoras de la zona, y se encuentra a menos de cien kilómetros de Piedras Negras, o sea de la frontera con los Estados Unidos. A mayor abundamiento, Villa Unión se encuentra en el fatídico corredor fronterizo que abarca de Matamoros a Ciudad Juárez, en donde los hechos de violencia ligados al narcotráfico y su combate han sido harto frecuentes.

Narcedalia Padrón Arizpe, presidenta municipal de Villa Unión no se explica la causa de este ataque, su intensidad, lo específico de su objetivo ni la rabia del combate.

Yo tampoco. Hay demasiados puntos oscuros en lo que sabemos.

Según estimados oficiales hay 22 camionetas incautadas que fueron usadas en la agresión que dejó el edificio de la Presidencia Municipal hecho un cedazo por el fuego cerrado de altocalibre. El número de muertos es de 23, 17 de los delincuentes, cuatro policías y dos empleados municipales que estaban en el edificio atacado. Se considera, por algunos indicios, que los atacantes no eran locales, tuvieron que tomar en rehenes algunos policías para que les guiaran por la zona; habrían venido desde Tamaulipas, pasando por una lengüeta de territorio de Nuevo León que muerde la línea fronteriza, y un amplio tramo en territorio de Coahuila, presumiblemente por la muy vigilada y peligrosa carretera ribereña, paralela al Río Bravo. ¿Cómo es posible que una caravana de dos docenas de camionetas armadas escape al ojo avizor de policías y militares en todo el trayecto?

Muy fácil, se la saca el gobernador de Coahuila Miguel Riquelme: se vinieron por el otro lado y luego por las brechas. Sí Chucha, cómo no. Seguramente le vas a pasar al Gabacho todas esas camionetas con armamento sin que se dé cuenta.

O sin que haya cómplices en la Border Patrol. O el gobernador está mintiendo.

Hay supuestamente un par de detenidos.

Lo que no hay es transparencia en la información sobre los hechos y sobre la investigación que el gobierno tiene a obligación de hacer. Para que el presidente López actualice la información que le dan sobre el estado de la violencia y el crimen en el país que gobierna.

PARA LA MAÑANERA.- Con todo respeto, Señor Presidente: ¿de dónde saca Usted la aseveración de que el salario de los trabajadores en China es mayor que en México? Yo tengo otros datos. No es que yo defienda el monto de los sueldos en México, pero en la República Popular China no hay un salario uniforme para todo el país: éste lo fija cada autoridad provincial. En términos generales oscila entre el más bajo, equivalente a 146 dólares para Guangxi, y el más alto de 321 dólares al mes en Shanghai. Esto por siete días de trabajo a la semana, casi diez horas al día. El asunto es realmente irrelevante, pero pone al descubierto la perniciosa práctica a la que Usted acude con excesiva frecuencia -casi cada mañana- a disparar cifras sin sustento alguno y que nadie le puede rebatir: los sueldos de 600 mil pesos mensuales en la burocracia mexicana, el desarrollo de nuestra economía, el número de beneficiarios reales de los programas de bienestar social.

Con los números no se juega, porque generalmente uno termina tropezándose con ellos.

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