Por Francisco Tijerina

@ftijerin

“La economía consiste en saber gastar y el ahorro en saber guardar.” //
Orison Swett Marden

Durante años hemos escuchado que a nuestras policías les falta armamento y equipo. Por ello no comprendo el que aún no se haya encontrado un mecanismo para poder utilizar todas las armas que se incautan a los delincuentes cuando son detenidos o cuando las dejan en cualquier sitio.

Voy de acuerdo con el argumento de que toda arma deja, gracias a su estriado, una marca única que puede identificar si participó en un acto delictivo y que al reasignar las que antes pertenecieron a delincuentes se corre el riesgo de que en un futuro se le relacione al encontrar evidencia, sin embargo creo que deberíamos ser más inteligentes y buscar un mecanismo que nos permita optimizar los recursos económicos.

Ayer la Sedena destruyó poco más de mil armas de fuego incautadas a delincuentes; había pistolas y armas largas, más un montón de cargadores y cartuchos útiles. ¿Por qué no aprovechar algo de eso para abastecer a nuestros cuerpos de seguridad?

¿Será tan difícil renumerar esas armas, hacer actas para cada una de ellas para saber a dónde se asignan y llevar un estricto control sobre cada una a fin de poder seguirles la pista en caso de ser necesario?

En estos tiempos de austeridad republicana es necesario echar mano de la creatividad y la inventiva, además de buscar con ahínco áreas de oportunidad que nos permitan ahorros y sobre todo optimizar nuestros gastos.

Todo ese armamento puede ser utilizable una vez que sea revisado, registrado y habilitado por los excelentes armeros que tiene el Ejército Mexicano e ir a ayudar a la mermada economía de nuestros municipios en los que hay sitios en los que los escasos policías andan con pistolas de la revolución y enfrentan a sicarios que poseen rifles de alto poder.

Una historia parecida ocurre con vehículos y hasta enseres que bien podrían ser útiles en muchos otros sitios, pero gracias nuestro lento sistema de justicia terminan pudriéndose en el olvido, en el mejor de los casos, porque también se da que acaban en manos de algún funcionario corrupto que se lo queda para su uso personal.

Los tiempos requieren de soluciones prácticas e inteligentes y no me parece nada listo el destruir un activo que puede ser de enorme ayuda en sitios en los que no se cuenta con nada, sobre todo cuando piensas que esa misma arma que hoy se destruyó, en un momento dado puede ser la que le salve la vida a un ser humano que está arriesgándose para defender a nuestra sociedad y que hoy por hoy lo hace casi sin herramientas.