Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

“El sistema está crujiendo porque ya no hay tantos privilegios y porque la gente no está dispuesta a dar sus privilegios por otras causas más profundas, el México profundo”, señala la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, en entrevista con el periódico Milenio.

Tiene razón Sánchez Cordero. Acoto, sin embargo, algo esencial: el antiguo régimen aún no ha muerto y el nuevo no acaba de nacer. Lo dice cada vez que puede el presidente Andrés Manuel López Obrador, misma idea aunque en diferente frase. Y sí, lo que conocemos como el sistema político mexicano está crujiendo, como señala Olga y, se sabe, si todo parto es difícil, cada estertor, también.

La vida pública del país vive, todavía, un cambio en el régimen, no un cambio de régimen. Lo que cruje salta a la vista:

1.- Los empresarios cuyos privilegios fueron afectados por la cancelación del aeropuerto internacional en Texcoco.

2.- El crimen organizado que, en una primera etapa, ha sido afectado por el huachicoleo.

3.- Los grandes “evasores fiscales”, acostumbrados a la condonación de impuestos.

4.- El desmantelamiento de los privilegios del Poder Judicial que se resiste a la transformación.

5.- Dueños de medios de comunicación que ya no obtienen utilidades a partir de la publicidad oficial y periodistas huérfanos, acostumbrados antes al chayote, a las maletas negras y a las nóminas ocultas.

Enumero sólo cinco puntos, hay más, muchísimos más. Y recuerdo, de nuevo, a El Príncipe de Maquiavelo:

“Nada es más difícil de administrar, ninguna empresa es más arriesgada y de éxito más dudoso, que la de procurar introducir  un nuevo orden. Quien lo intente, tendrá como enemigos a todas las personas que se beneficiaban del antiguo orden, y en aquellos que se piensan beneficiar del nuevo cambio sólo encontrará defensores tibios”.

No hay tibieza en la entrevista de Olga Sánchez Cordero, dice las cosas como son y, ante todo, explica. ¿Cómo detener a los privilegiados de ayer a quienes le disgusta que el sistema cruja? Con la legitimidad de los votos, con la empatía entre representante y representados.

Dice Sánchez Cordero sobre Andrés Manuel López Obrador: “De verdad, las experiencias que tengo en algunas ocasiones que me ha invitado a acompañarlo en algunos eventos, en algunas giras, yo te puedo decir que la gente se le entrega”.

No otra cosa pidió Andrés Manuel cuando asistió al Zócalo después de su toma de protesta: “No me dejen solo, porque sin ustedes no valgo nada o casi nada (…) Yo ya no me pertenezco, yo soy de ustedes… Sin ustedes, los conservadores me avasallarían fácilmente, pero con ustedes me van a hacer lo que el viento a Juárez”.

Ya ha pasado un año, el viento conservador sopla a veces ligero, a veces endemoniado y, sin embargo, ¿ha movido a Juárez?

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