Por Félix Cortés Camarillo

Anda a que te ondulen con la permanen

Y si te sofocas tómalo con Selz…

Pichi, de la zarzuela Las Leandras

                  España lleva alrededor de un año incapacitada de nombrar un gobierno para sus excesos. A la salida de Mariano Rajoy y su desprestigiado Partido Popular, el emblema de la derecha de España, ha seguido la incapacidad de ponerse de acuerdo para lograr un gobierno de coalición, puesto que uno mayoritario es imposible. El domingo por la tarde el resultado de la votación en la Cámara de Diputados no podía ser más ejemplar: se trataba de obtener la mayoría absoluta de la mitad más uno para darle el sí a un gobierno que a pedacitos quieren armar el Partido Sociaista Unido Español y las Izquierdas Unidas. De los 350 diputados que sesionan en la Corrida de San Jerónimo, ahí frente al Hotel Palace, 166 votaron por el sí; 165 por el no. 18 se abstuvieron y un diputado se ausentó por enfermedad.

                  Son las consecuencias de la democracia, a la que España se asomó de sopetón en 1975 después de cuarenta años de dictadura franquista. La democracia, ya se sabe, es el ejercicio social que hace florecer a numerosas entidades políticas que ofrezcan un panorama de diversidad a los pueblos para que hagan la mejor de las selecciones posibles. Normalmente, las democracias avanzadas acaban por decantarse en dos o más partidos políticos que resumen las tendencias adláteres, como los blancos y los colorados de Sudamérica, los republicanos y los demócratas en los Estados Unidos, la izquierda y la derecha en muchos lados aunque nadie pueda establecer la diferencia entre ambas.

                  No en España, que parece tener una vocación por las divisiones radicales particularmente arraigada. Mariano José de Larra escribió en el siglo diecinueve el horrible epitafio: Aquí yace media España; murió de la otra media. Durante siglos los españoles se han encargado de probar que la frase es cierta. La Guerra Civil de 1939 a 1945 es solamente un episodio sangriento que Picasso llevó a su intenso dramatismo  en su célebre Guernica, pero tiene una trascendencia mayor, histórica, casi mítica. La experiencia del desarrollo de la democracia en España ha sido una de divisiones, traiciones, flaquezas y ataques. En la sesión del domingo ni siquiera la institución monárquica salió indemne. Felipe por poco sale con el epíteto de fascista.

                  Mañana martes, cuando en México sen las cinco de la mañana, debe estar iniciando la segunda ronda de la votación de diputados. Si los números del domingo se mantienen –y no hay certeza firme de que así será, aunque hay probabilidades- Pedro Sánchez, sí el guapito de las fotos, que fungía como presidente en funciones esperando la ratificación de los diputados, será investido como presidente del gobierno y tendrá el viernes su primer consejo de ministros.

                  Uno se pregunta, ante la historia reciente de una España inestable y desunida, cuándo será el último.

PARA LA MAÑANERA.-  Con todo respeto, Señor Presidente: los zapatistas dicen que defenderán su tierra con su vida si es necesario para impediré a Usted hacer su trenecito maya. ¿Será usted capaz de imponer el reino de la ley en esa zona que no reconoce a su gobierno? ¿Abrazos, no balazos?