Por Félix Cortés Camarillo

Qué ruda es la cruda, quien diablos vendrá en mi ayuda; malhaya si no me cura esta pancita menuda yo no sé que voy a hacer

Demonio Público, La Cruda, Cantada por Oscar Chávez

Tiene toda la razón el presidente López –y le cabe todo derecho-no en calificar en sus exabruptos a los que no se suman entusiastamente a sus corifeítos que aplauden cuanto pronunciamiento, decisión u ocurrencia emite para gobernar su, nuestro país, como adversarios. Según la cada vez menos atendida Real Academia de la Lengua Española, un adversario es una persona –o personas- contraria o enemiga.

Por el contrario, los que encontramos con frecuencia desatinos en el ejercicio presidencial de este sexenio, por lo general somos un número creciente de ciudadanos de este país que nos preocupamos por la situación actual del mismo, y que deseamos que al presidente López le vaya bien, le guíe el buen juicio, la inteligencia y la buena intención, para que a México le vaya bien. Si fuésemos adversarios, estaríamos luchando activamente en las escenas política o de otro tipo para que al presidente López le fuese mal y tuviera que tirar el arpa que no ha sabido tocar.

En lo que tiene toda la razón es en considerar que esos mexicanos de diversa filiación, formación, convicción o credo, tenemos la piel muy delgadita; así se le nombra cuando la epidermis es especialmente sensible a las agresiones externas. Ahora, no puede decirse que los presuntos adversarios del presidente López seamos exagerados al quejarnos de lesiones que van más debajo de la piel social, como la violencia extrema que nuestro país sufre, la deficiente e improvisada atención médica a los que se privó del Seguro Popular, el descuido al desarrollo económico del país, estancado hoy en cero por ciento cuando por ejemplo China creció el año pasado a un seis, o la crispación social a todos los niveles que mantiene a los empresarios cautelosos con sus inversiones, y a los simples mortales escondiendo el dinero debajo del colchón, no se los vayan a quitar.

El presidente López tiene por lo general otros datos cuando las cifras son implacables. Fue necesario que viniera desde Miami Jorge Ramos, empleado de la cadena Univision en los Estados Unidos a decirle al presidente López que en materia de homicidios el inicio de su sexenio ha sido el más mortífero en la historia reciente de México. “Eso calienta” fue la respuesta del mandatario, para luego buscar los vericuetos de las cifras diferenciadas. Ayer por la mañana, en su matutino show, el presidente López agregó que la violencia es producto de la “resaca” –los mexicanos le llamamos cruda- que le dejaron por herencia las administraciones anteriores, con excepción de la de Peña Nieto. Supuestamente el argumento base de esta teoría es que de manera particular Felipe Calderón le tupió duro a una borrachera de balazos y trancazos cuya cruda se cura ahora con abrazos y apapachos a los delincuentes. Con poco éxito, evidentemente.

Ayer por la mañana Andrés Manuel volvió a las andadas para entre otras cosas tratar de vendernos con el verbo un avión que nadie quiere comprar en los fierros. Por ejemplo adujo, en el caso de la inseguridad, que los homicidios de orden federal sí habían disminuido el mes pasado y que la violencia que se incrementa es la que corresponde a los estados perseguir. De esta suerte, el fracaso del sexenio en materia de seguridad es culpa principalmente del gobernador de Guanajuato, donde florece la violencia. Es la vieja teoría del todo y las partes, que nos enseñaron en secundaria cuando ahí enseñaban algo.  Igual de endeble fue la defensa de la actuación brutal y documentada de la Guardia Nacional, soldados metidos a policía migratoria conteniendo a golpes a los migrantes centroamericanos en el Suchiate. Sería mucho más fácil confesar que para conseguir la aprobación norteamericana al tratado de libre comercio revisitado fue necesario acceder a la exigencia del presidente Trump de construir su muro antimigrante en la frontera sur de México para salvaguardar a los Estados Unidos de los grasientos del sur; por lo menos de algunos.

Los “adversarios” de esa política del avestruz seguiremos insistentes en señalar las incongruencias y las verdades a medias o francas mentiras. Cada vez es más difícil esconder la caca debajo de cualquier cosa, como dicen que hacen los gatos.

PARA LA MAÑANERA.-  Con todo respeto, Señor Presidente: ¿De cuando acá el derecho de libre tránsito por el territorio nacional lo establece la Casa Blanca en Washington?

felixcortescama@gmail.com

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