Quiero ser un pendejo

Aunque me ponga viejo

Que no se apague nunca

Lo que yo llevo dentro…

Los Auténticos Decadentes, Pendeviejo

            Nunca, en estos últimos cuatro años, he tenido duda de que el próximo presidente de los Estados Unidos seguirá siendo Donald Trump. Su tercer mensaje sobre el estado de la Unión, que así llaman los gringos al Informe de su Presidente, solamente me ratificó en mi convicción la noche del martes.

            Encontré una vez más que los dos personajes que determinan nuestro destino colectivo, los presidentes Trump y López, comparten –entre muchas otras cualidades y defectos- el de la autenticidad. Nadie puede llamarse a engaño. Ambos son como son y actúan en consecuencia, pésele a quien le pese. Con sus mesiánicas vocaciones, convencidos de que han sido unos elegidos para llevar a sus pueblos a una redención que ni siquiera soñaron y empeñados en repetir, hasta que lo creamos, que nunca en nuestra puta vida hemos estado mejor que ahora bajo su mando.

            El sistema judicial de los Estados Unidos tiene sustento en una convicción moral. Los mandatarios juran cumplir la ley con una mano sobre la Biblia. La autenticidad es una virtud que se respeta más que la propia honra pública: Bill Clinton no fue fustigado por haber tenido cierta innombrable relación sexual con una jovencita regordeta que hacía prácticas –lo demostró- en la Casa Blanca. La moral cuáquera norteamericana lo acosó por haber mentido al respecto, negándolo. El delito de perjurio es a veces peor que el de robo o fraude. No mentirás, dijo el Señor.

            Todo el mensaje de Trump fue un acto de autenticidad. No me refiero al texto, que la señora Pelosi, que se sopló por obligación toda la ceremonia sentada a metro y medio detrás del presidente, rompió en mitades frente a las cámaras concluida la lectura, mientras la entusiasta mayoría republicana aplaudía, y que había sido dejada con la mano tendida –la señora Pelosi- a saludar al presidente Trump frente a las mismas cámaras.

            Lo demás fueron ciclos tautológicos: somos los mejores en todo, tenemos los mejores acuerdos comerciales con los rivales, nos respetan en todo el mundo, nuestra frontera sur está sellada para que no entren indeseables, el desempleo sigue a la baja, los servicios de salud pública ahora sí van a estar a la altura de lo que merece nuestro pueblo, hemos mejorado nuestras universidades…haz de cuenta una conferencia mañanera de aquel que te platiqué. 

            O una película de mii admirado Kirk Douglas, de quien me dijeron ayer por la tarde que se murió, en las que siempre encarnaba al muchacho chicho que, vestido de gladiador romano o de soldado gringo triunfaba al final. 

            De Kirk Douglas hoy se van a mencionar todos los créditos fílmicos; se les olvidará  el principal, que como productor independiente fue uno de los pioneros en romper la discriminación y persecución política y laboral de los indeseables, los libretistas a los que el Macartismo había puesto la etiqueta de “commies”, por comunistas. Douglas fue, con Otto Preminger  de los primeros en dar crédito en la pantalla –en “Espartaco”- a los autores vetados por el Hollywood dócil y convenenciero.

            Pero eso es un rollo de otra película. O tal vez es la misma.

            Donald Trump va a repetir como presidente de su país –y, si se lo propone, Andrés Manuel lo hará en el nuestro- porque no engaña. Trump es un patán, grosero, agresivo, racista, sexista, y todo lo que ya sabemos. Precisamente porque ya lo sabemos y los gringos lo saben. No hay engaño. Él es como es, basta. Y se parece tanto a la mayoría de los votantes norteamericanos que no piensan antes de votar…

            La autenticidad es la madre de todos los vicios. Tal vez lo único que podemos elogiar del presidente López es que no engaña a nadie, que es auténtico. Él es como es, no va a cambiar, y sanseacabó. ¿Qué no se vende el avión? ¡que se rife! ¿Qué la Loteria Nacional, por ley, no puede rifar cosas, sólo efectivo? ¡Que se cambie la ley! ¿Qué hay gobernadores que no quieren entrarle al INSABI a modo? ¡Déjenlos fuera! Ya vendrán a pedir chichi. Y por ahí…

PARA LA MAÑANERA.- Señor Presidente, con todo respeto: ¿Sigue usted pensando a la antigüita que en nuestro nuevo diccionario para las universidades, autonomía quiere decir extraterritorialidad? Se lo traduzco: impunidad, derecho de piso, vandalismo, regresión, violencia, negación de lo que universidad significa.  

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