Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Hace dos días el vocero y operador mediático de la derecha, Salvador Camarena, publicó un artículo en El Financiero con impune impudicia. La desvergüenza del articulista es mayor cuando, se supone, “articula” los reportajes de investigación de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad que patrocina Claudio X. González Guajardo. ¿Un columnista que no investiga, que no aporta evidencias?

Leamos:

1.- “Una de las primeras cosas que hizo Margarita Ríos Farjat, en su calidad de nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, fue ordenar que se remodelara el despacho que iba a ocupar.

Nada de austeridad republicana, nada de que ya había una oficina que funcionaba como tal. No. Que me la pongan a mi gusto.”

¿Sabe Savador Camarena cuáles son los gustos decorativos y estéticos de Ríos-Farjat? ¿Cuánto se ha gastado en la “remodelación”? ¿Qué datos aporta? ¿Hay corrupción en adecuar las oficinas de la ministra? Esto, en el artículo-basura de Salvador, no se responde.

2.- “Hubo un intento de que incluso se diseñara para tal propósito un despacho con orientación al Zócalo, por lo que desalojaron a los secretarios de la ponencia que tenían oficinas con vista a la plaza mayor. Pero cuentan que las instalaciones sanitarias habrían supuesto una remodelación mayúscula, así que al final ‘sólo’ se cambiaron recubrimientos del despacho de la nueva ministra.”

Entonces, la “intención”, si acaso existió, ¿cuenta como un hecho? Utilizar el verbo “cuentan” sólo admite falta de ética periodística. ¿Escribe Salvador sus artículos por “oídas”?

3.- “El caso es que pasaba el tiempo y en la Corte veían cómo la remodelación, y los costos que implicaba, nomás no acababa.

Ya ponían piso de madera, ya probaban de otro; ya lucía madera en las paredes, ya había que cambiar también eso. ¿Pues no que los de Monterrey eran agarrados del codo?”

¿A Salvador Camarena le brotó la xenofobia tapatío-chilanga contra el gentilicio regiomontano? ¿Ese es el nivel periodístico de quien dirige los reportajes de MCCI?

4.- “Además del tema de los martillazos, y sus costos que algún día sabremos, el arribo de la originaria de Nuevo León al máximo órgano de justicia ha sido descrito como poco terso. Su equipo de colaboradores se presentó de avanzada, pero con mensajes muy específicos de parte de la ‘señora’. De entrada, esos entusiastas regios –¿por qué será que en la Secretaría de Seguridad (es un decir) de Durazo abundan los sonorenses, y en el equipo de la neoministra los de Nuevo León? ¿Qué no habrán encontrado capital humano de buen nivel en la mismísima ciudad ídem? Tan bonito que es conocer gente de otros lados, que piensa distinto, pero en fin, me desvié del tema, ustedes disculpen–.”

Los balbuceos textuales de Camarena devienen en galimatías… ¿Qué quiso decir? ¿O cómo entender esta redacción?

5.- “También seguro que a otros les gustará que entre los planes de la neoministra está hacer un taller de redacción porque cree que los textos de los análisis que le entregan sus colaboradores son muy acartonados, que quiere que todo su equipo se acostumbre a la incertidumbre (bueno, con este gobierno quién no) y que le interesa proponer un club de lectura de novela. (Yo no sé ustedes, pero yo voto a favor de esto último).”

¿Quiere que su equipo se acostumbre a la incertidumbre? ¿De veras ese es el deseo de Margarita? La recomendación para Salvador Camarena es que, si alguna de sus enfebrecidas ideas toca la realidad, asista al taller de redacción de la ministra Margarita Ríos-Farjat. Le convendría mucho para su redacción periodística.

La discusión está en otro lado. La Suprema Corte de Justicia es la última instancia legal en este país. ¿Cómo actuaría la ministra, dada su cercanía con la familia presidencial, si el “diablito” que aconseja al presidente lo convence de su reelección?

Publica hoy en Excélsior Jorge Fernández Menéndez: “Margarita Ríos-Farjart lleva apenas un mes en la SCJN y hay quien la critica por remodelar la oficina donde despachará los próximos 15 años. La nueva ministra debe ser valorada por sus decisiones, no por prejuicio vano”. En efecto, hay que valorarla por sus decisiones.

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