Tengo que decir que estoy muy lastimado 

que no será fácil volver a empezar…

Leonel García Núñez de Cáceres

Perdono y Olvido

            Yo quiero suponer que el presidente López se encontró con un tesoro que no quería buscar, en la detención del ex director general de Pemex Emilio Lozoya Austin, en un lujoso fraccionamiento –con dos campos de 18 hoyos de golf – en Málaga, España, en donde la policía nacional, siguiendo una solicitud de la Interpol y una sospecha largamente cultivada, le sorprendió y le capturó cuando se identificó con una licencia mexicana de conducir a nombre de otra persona.

            Sin duda, en la política de comunicación del presidente López, estructurada encima de la convicción de que la mejor forma de sortear los problemas graves del país que gobierna es encontrar elementos de gran atractivo mediático para distraer la atención del populacho: el avión presidencial y su venta-no venta, renta-no renta, rifa-no rifa, es tal vez el mejor ejemplo. Con ese sainete y otros, el presidente ha evitado que le pongamos atención a los verdaderos problemas de los mexicanos: la violencia siniestra, cínica y cada vez más sangrienta, la crisis del sistema de salud pública y la escasez de medicamentos importantes entre otras de sus manifestaciones, y el estancamiento económico que no se podrá solucionar haciendo una rifa de lo que sea, para que los empresarios compren cada vez  con mayor entusiasmo su cachito para hacerle frente a la emergencia de capital.

            Oscar Wilde lo advirtió hace tiempo: ten cuidado con lo que deseas; se puede convertir en realidad.

            Es cierto que la detención de Lozoya Austin es un golpe informativo largamente esperado, como lo será el subsecuente proceso de extradición –o no- para ser juzgado en México por cuantiosos malos manejos de cifras millonarias en dólares. 

            Es verdad que en aras de la corrección política, y eventualmente del nuevo y torpe código de procedimientos penales, yo debería referirme a Lozoya Austin como un presunto culpable. La sociedad mexicana, sin embargo, lo ha declarado indudablemente culpable de haber participado en la fraudulenta compra-venta de una planta quebrada de fertilizantes en complicidad con el señor Ancira, de Altos Hornos de México, pero especialmente de haber recibido diez millones y medio de dólares en soborno de la empresa brasileña Odebrecht, especialista continental en sobornar a cuanto político sobornable hay. Los primeros en señalar a Emilio como el recipendario del soborno fueron los directivos de la Odebrecht.

            Pero eso no es lo importante. El  celebre abogado de Lozoya, Javier Coello Trejo, que en algún tiempo lejano fue apodado “el fiscal de hierro”, al enterarse de la detención de su cliente, dijo una frase muy cierta mientras hacía maletas para trasladarse a España a armar la nueva defensa: Emilio no actuó solo.

            Se ha repetido hasta la saciedad que el jefe inmediato del hoy detenido como director de Pemex era el secretario de Hacienda de entonces, como presidente del consejo de administración de la empresa, Luis Videgaray. Pero eso es atole con el dedo. Videgaray no actuó solo. Sabemos con certeza absoluta que lo que se hace en Pemex es ordenado –incluso hoy, y hoy más que nunca- por el presidente de la República. Es voz generalizada que los dineros chuecos que pudo haber recibido Lozoya fueron canalizados, si no en su integridad, a financiar la campaña de Enrique Peña Nieto y otros gastos igualmente oscuros.

            Si Emilio no actuó solo y llega a ser extraditado a México luego de un juicio que puede durar dieciocho meses o más, tendrá que explicar bajo qué órdenes y de quién delinquió. Los índices acusadores apuntarán a Peña Nieto, por lo menos. En contradicción a la reiterada afirmación del presidente López del perdón y olvido, de que no hay que mirar al pasado, sino al futuro, implicando un acuerdo de inmunidad para Peña Nieto, que el presidente López no admite, mientras lanza todas sus baterías de rencor hacia Calderón, Fox y Salinas.

            Ganando, el presidente López pierde: tendrá que actuar contra Peña Nieto.

            Para ello, acudirá a un recurso que ya cansa: si la ciudadanía junta las firmas suficientes que la ley exige para convocar a un plebiscito que lleve a Peña a juicio, a juicio se le llevará. 

            Si el presidente López quiere que se junten las firmas necesarias, se juntarán. Y, como dice el filósofo de Güemez, si no, no.

PARA LA MAÑANERA.-  Señor Presidente, con todo respeto: los huerfanitos que le quedaron de la cena del miércoles, no nos los podría vender con descuento a los mexicanos que no fuimos a comer tamales de chipilín?

felixcortescama@gmail.com

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