Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Las conferencias matutinas entraron en crisis esta semana y la comunicación social de la Presidencia de la República tiene que mejorar el modelo. No existe en el mundo un modelo similar a la comunicación gubernamental que acabó con el modelo antiguo de agencias de publicidad, asesores de comunicación, connivencia con los dueños de los grandes medios de comunicación y columnismo, a veces comprado, casi siempre alquilado. La 4T puso fin a la comentocracia.

El modelo transversal de comunicación política del presidente Andrés Manuel López Obrador es un combo todo-terreno que incluye un “modelo impositivo”, entendido cuando el “mediador y el político son omnipresentes y el encuentro entre ambos se construye alrededor de preguntas formuladas por el primero y en respuestas dadas por el segundo. El público no está en el estudio y el dispositivo lo representa en diferentes niveles en un proceso de delegación manifiesta”.* He aquí las mañaneras de lunes a viernes.

López Obrador ejerce también un tipo de “modelo de ágora” que agrupa al conjunto de los protagonistas: “el político está siempre en presencia del periodista (o de los periodistas), pero además debe enfrentar directamente a los ciudadanos comunes y corrientes. Esta situación modifica profundamente el rol que cumple cada uno de los protagonistas en relación con el primer modelo”.** He aquí las giras de fin de semana por el país, los mítines y asambleísmo.

Andrés Manuel también actúa en un tipo de “modelo interactivo” que trasciende el rol del periodista, quien “queda reducido al mínimo”*** por los dispositivos técnicos. He aquí las presidenciables, y benditas, redes sociales. La comunicación política se impone desde una virtual interactividad entre los mensajes del presidente y la “participación”, a favor o en contra, a través de Internet.

El problema de las mañaneras no es “sembrar” pseudoperiodistas con preguntas a modo o para el lucimiento pedagógico de López Obrador, el problema surgió cuando estos pagados de primera fila de las mañaneras intentaron desprestigiar, agredir y causar terror en los periodistas profesionales. Cambiar la narrativa de las mañaneras, y con un timing pésimo (lo hicieron contra reporteras en el momento más álgido del movimiento feminista en el país), sólo significó tratar de reventar a dos de las periodistas más serias, pero también reventar el modelo “circular” de las conferencias matutinas.

Lo sepa o no, Andrés Manuel prolonga el modelo francés inaugurado hace ya bastante tiempo por el general De Gaulle: dar la cara. Y se distingue del modelo de la Casa Blanca, cuyas reglas impiden la anarquía, el terrorismo verbal, el “quitarse la palabra” de los periodistas acreditados. En Washington no se admiten reporteros que no estén acreditados por medios serios, independientemente de tiraje o “seguidores”. Más aún, en “los Estados Unidos no hay destino más prestigioso que ser asignado a cubrir la Casa Blanca, considerada ‘la jaula dorada del periodismo americano’”.****

¿Qué hacer con las mañaneras? En principio, no lo que propone Andrés Manuel que se reduce a besos y abrazos. No. Tampoco la censura, pero sí los filtros. Quien difame, calumnie, quien dañe, quien use insidia, quien ejerza un lenguaje de odio, quien proponga violencia contra las reporteras o contra reporteros, que se le desacredite. La revocación es un sustantivo aplicable para todas y todos. Es muy fácil revocar una acreditación. Derecho de admisión sin reserva, sí; la expulsión, a quienes incurran en prácticas inadmisibles para la deontología periodística, una obligación. Tolerar la intolerancia destruye la democracia y hace de la libertad de expresión, libertinaje, fascismo.

* Comunicación y política. Gilles Gauthier, André Gosselin y Jean Mouchon (comps.). Gedisa Editorial.

** Ibid.

*** Ibid.

**** Comunicación gubernamental. Oscar Andrés De Masi (compilador). Paidós.

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