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Por Félix Cortés Camarillo

“Si pudiera creer en Dios, diría que la pandemia es una advertencia a los sapiens”, escribió ayer en un diario madrileño José Alberto Mújica. Pese a que el ex presidente de Uruguay comparte con el presidente López la convicción de que nuestras desgracias actuales son consecuencia de la vocación del neoliberalismo de casar nuestro futuro con la fuerza del mercado y la tecnología, renunciando al humanismo, el uruguayo no coincide con el mensaje de optimismo del presidente de México. Saldremos de esta pronto y bien, repite Andrés Manuel, porque somos un gran país con culturas riquísimas que harán el milagro. Obedeciendo a su naturaleza, la curva de la pandemia se niega a transformarse en una línea recta y descendiente.

             Cada vez con mayor insistencia la gente pensante insiste en que no se trata solamente de la plaga infecciosa y su mortandad, que si se ve con detenimiento tiene unos números pálidos frente a la cantidad de muertos por la violencia asesina, las armas de fuego u otras enfermedades. El asunto es si la Humanidad tiene alguna posibilidad de recuperarse de esta ultratumba adelantada, si la economía podrá recuperarse ante la destrucción de valores que auguran pobreza, nacionalismos chauvinistas y salarios bajos. ¿Estamos llegando los humanos al límite biológico de nuestra capacidad política? Es la pregunta que se hace Mújica presagiando que los llamados a la solidaridad económica y financiera para con los pobres del mundo será como cantarle a la luna.

            Ciertamente el deterioro de todos los precios va a favorecer solamente a la especulación y al mayor distanciamiento entre los pobres muy pobres y los ricos muy ricos; de ahí al descontento en las calles y su peor consecuencia, el autoritarismo, la represión, la destrucción de la democracia de todos tan alabada.

            En ese sombrío pronóstico Dios no nos encuentra confesados; la obcecación en anclar el desarrollo económica en una industria petrolera en quiebra espeluznante, unida a la insistencia en combatir verbalmente una corrupción que se da por inexistente pero que se encuentra debajo de cada piedra no vemos los mexicanos una salida viable. Si las  principales fuentes de ingreso que tiene nuestro país son el petróleo, el turismo y las remesas que envían nuestros paisanos que trabajan en los Estados Unidos, no hay en ninguno de los tres territorios noticias de esperanza. Todo lo contrario. No habrá una recuperación económica antes de cinco años.

            Si es que se da.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA, porque no puedo entrar sin tapabocas.- Señor Presidente, con todo respeto: Cuando usted lo disponga, el Congreso que domina va a aprobarle el super poder –que no necesita– para modificar el presupuesto de egresos a su discreción. ¿De dónde va a salir el dinero para gastar?

‎felixcortescama@gmail.com

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// Félix Cortés Camarillo

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Autor: stafflostubos
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