Por Félix Cortés Camarillo

Aquí no se trata de mil millones de dólares invertidos en la producción de energía limpia y moderna en México, que con el plumazo de un decreto de la secretaria de Energía, la señora Nahle, se van a la mierda. Aquí hay cosas de fondo. El fenómeno de la cancelación de la cervecería de Constellation Brands en Mexicali se ha repetido el viernes; la diferencia es que en el caso de la hoy tan escasa cerveza se tomó el ridículo disfraz de piel de oveja –o de Fuenteovejuna– de la llamada consulta popular, a la que el presidente López es tan aficionado. En el caso de la generación de las energías eólica y solar, esta se canceló pura y simplemente por los testículos de la secretaria Nahle.

            A mayor abundamiento, la ministra adujo en entrevista con López-Dóriga que se trata simple y llanamente de un caso de seguridad nacional y que el Estado tiene todo el derecho a tomar en sus manos como se le antoje la generación de energía eléctrica.

            Concedamos. Solamente que las plantas de generación de energía eólica que tanto incomodaron al presidente López precisamente en la sierra de la Rumorosa por andar afeando el paisaje fronterizo, no surgieron como hongos después de la lluvia. Fueron el resultado de negociaciones, contratos y licitaciones aprobados por los dueños del poder del Estado mexicano que antecedieron a los actuales dueños del poder de ese mismo Estado. ¿Acaso se valen rajaderas?

            La señora Nahle afirma que los empresarios mexicanos mienten –y los canadienses, y los de Europa Unida– cuando afirman que su draconiana decisión, de la que el presidente López no pudo haber sido ignorante, lesiona las posibilidades de la inversión extranjera en nuestro país.

            Vamos poniéndonos en los zapatos de un inversionista chino, ruso, alemán, norteamericano o del Cártel de Medellín, que tiene en su maleta millones de dólares y que pensaba invertir en cualquiera de las empresas que le pudiera rendir dividendos jugosos, aunque se haya reducido la tasa de interés del Banco de México en medio punto, en nuestro país. ¿Cómo carajos voy a meter mi dinero en un país en que los acuerdos y contratos se pueden cancelar así porque sí? Luego del asunto de la cervecera en Mexicali, esto va a traer consecuencias inmediatas. Precisamente en una situación en que la pandemia que no quiere irse nos está poniendo en tres bolas y dos strikes, con déficit de empleos de más de medio millón y un incremento de pobreza escandalosa.

            El asunto es de actitud. El presidente López tiene año y medio de cimentar su ejercicio del poder en la fragmentación, el enfrentamiento social de los mexicanos. Fomentar una lucha de clases que no había tenido hasta ahora una manifestación así de estruendosa. Sobre todo, sin que los mexicanos pobres hayan pedido joder a los otros mexicanos porque ellos sí tiene acceso a los que los primeros aspiran. Eso solamente puede conducir a un quebranto absoluto de la unidad nacional, con finales impredecibles.

            Si eso es lo que se busca, no hay mejor momento para propiciarlo que ahora. Acaba de una vez, de un solo golpe. Los mexicanos no queremos una lenta agonía social. De una vez, la estatización de las empresas, la abolición del pensamiento y la enseñanza libres, y, finalmente, la derogación de lo único digno que ha tenido el lopezobradorismo, que es el respeto a la disidencia y a la expresión de las ideas que no van de acuerdo con la doctrina de las mañaneras.

SUGERENCIA PARA LA MAÑANERA, porque no puedo entrar sin tapabocas.: Señor Presidente, con todo respeto: No se le ocurra visitar algún hospital del sistema de seguridad social de México. No le vaya a pasar que los médicos y enfermeros le den el recibimiento que le dieron a la primer ministro de Bélgica, doña Sophie Vilmès.

‎felixcortescama@gmail.com

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